MARVEL FASE 2: THOR: EL MUNDO OSCURO (ALAN TAYLOR, 2013)


-AVISO SPOILERS-

La segunda película sobre Thor (Chris Hemsworth) es menos estática y dubitativa -y menos camp y pseudoshakesperiana- que la primera entrega dirigida por Kenneth Branagh en 2011. Thor: el mundo oscuro apuesta por la fantasía heroica, tiene más acción y en algunos momentos recuerda incluso a un peplum italiano: cuando Thor lucha con el elfo oscuro Kurse (Adewale Akinnuoye-Agbaje). Y todo eso está muy bien.


Las batallas multitudinarias iniciales vibran con buen pulso y el descubrimiento por parte de los científicos terrestres de un nuevo portal entre dimensiones, tiene un adecuado sentido de la maravilla. Donde falla esta película -en mi opinión- es en la explicación, farragosa, del conflicto central. Hace falta un prólogo con la voz en off de Odin (Anthony Hopkins), y luego que éste consulte un antiguo libro sobre la historia de los elfos oscuros, para explicar la naturaleza del éter que, aún así, nunca queda del todo clara. Eso a pesar de que no es más que el macguffin de la historia. 



Por suerte, pasado ese obstáculo, la película retoma un ritmo aventurero muy disfrutable. Lo mejor es probablemente el viaje que emprenden Thor, Loki (Tom Hiddleston) y Jane (Natalie Portman) -los tres personajes con más entidad- pero lamentablemente esto dura muy poco. A pesar de cierta frialdad, Thor: El mundo oscuro es una aventura más que digna, que se habría beneficiado de un poco más de desparpajo.



Es justo decir que la película tiene que lidiar con su condición de secuela del primer Thor (2011) -de allí provienen Jane Foster y Darcy (Kat Dennings)- pero también de Los Vengadores (Joss Whedon, 2012), que marca la situación de Thor y Loki al principio de El mundo oscuro. Eso sin contar que estamos ante un film que precede a una tercera entrega sobre el dios del trueno -en la que el reinado de Loki probablemente tendrá consecuencias-  y a Los Vengadores: La era de Ultrón (Joss Whedon, 2015). Por si fuera poco, esta historia tiene un epílogo en un episodio de la serie Agentes de S.H.I.E.L.DLa escena postcréditos en la que aparece el Coleccionista (Benicio del Toro) lleva directamente a Guardianes de la Galaxia (James Gunn, 2014), pero la referencia a las gemas del infinito tiene todavía más alcance: conecta con la futura Los Vengadores: La Guerra del Infinito (2018).

MARVEL FASE 1: THOR -SER O NO SER


Sobre el papel parecía una buena idea: Kenneth Branagh, reputado autor de adaptaciones de textos de Shakespeare, parecía el director ideal para llevar a la pantalla -con calidad- las aventuras del dios del trueno, sobre todo si atendemos a la grandilocuente etapa del personaje en manos de Stan Lee en los tebeos -acompañado por Jack Kirby o John Bucema-. El elenco que rodeaba al entonces poco conocido Chris Hemsworth -que ha resultado ser el intérprete perfecto por su físico y su vena cómica- era también contundente: Natalie Portman como Jane Foster, Anthony Hopkins como Odin, además de Idris Elba como Heimdall. Pero el verdadero descubrimiento fue Tom Hiddleston como Loki. Con estos elementos y unos efectos especiales competentes, resulta decepcionante afirmar que hablamos de una película fallida. El principal problema es que presenta dos líneas demasiado distintas: el tono épico de fantasía heroica en la legendaria Asgard por un lado, y el humor cotidiano de las situaciones que vive el dios del trueno en la Tierra, auténtico pez fuera del agua, lo que da pie a varios apuntes de comedia romántica con Natalie Portman. Los dos tonos no acaban de funcionar como un todo y en conjunto no convencen a nadie, aunque los elementos robados de The Ultimates, en los que todos creen que el héroe es un loco, y no un dios, están relativamente conseguidos. La secuela apostaría por la aventura de espada y brujería, pero tampoco daría en el clavo del todo. La tercera entrega, en cambio, me parece un grandísimo acierto por su tono de space ópera casi paródica.

MARVEL FASE 1: IRON MAN 2 -PECADOS DEL PASADO


Lo único que mantiene en pie una película como Iron Man 2, víctima de una tremenda dispersión, es el carisma de Robert Downey Jr. como Tony Stark/Iron Man que aquí se confirma. Esta secuela apunta en demasiadas direcciones: el villano empresario que es Justin Hammer (Sam Rockwell) sirve para un argumento que recuerda a Robocop (1987); el antagonista físico Whiplash (Mickey Rourke) representa, de nuevo, los pecados del pasado -del padre de Tony- que vuelven para atormentar al héroe de la armadura. Pero también está la comedia romántica de Pepper Potts (Gwyneth Paltrow), a la que se suma la Viuda Negra (Scarlett Johansson) -futura vengadora-. Mencionemos también los colaboradores: Happy Hogan (el director Jon Favreau) vuelve a ser comparsa y alivio cómico, pero también se incorpora otro tío con armadura, War Machine -Don Cheadle sustituye a Terence Howard-. Por si fuera poco, además de todo esto, hay que añadir los problemas personales de Stark y un coqueteo argumental con el famoso alcoholismo del personaje en los cómics, reducido en el film a su mínima expresión. Todavía hay más, porque hay que añadir a Nick Fury (Samuel Jackson) de S.H.I.E.L.D, ya que el Universo Marvel estaba a punto de llegar: enseguida se estrenarían Thor (2011) -en la escena post-créditos encuentran el martillo del dios del trueno- y Capitán América: El primer vengador (2011). Por todo esto, Iron Man 2 parece una secuela apresurada y demasiado pendiente de colocar las bases de la inminente Los Vengadores (2012).

MARVEL FASE 1: EL INCREÍBLE HULK -ESLABÓN PERDIDO


Segunda película del Universo Marvel Cinematográfico, El increíble Hulk es probablemente el film menos recordado de la franquicia. La razón puede ser su tono, algo distinto a lo que luego sería el sello de Marvel Studios. La película del director francés Louis Leterrier -eficaz artesano de films de acción- es algo más grave que las entregas que veríamos luego -o incluso que el anterior Iron Man- esto quizás por las propias características del personaje, mucho más atormentado que sus compañeros vengadores y, en su forma superheroica, incapaz de las típicas réplicas graciosas y chascarrillos. Este Hulk es además un film bisagra, que retoma la historia del de Ang Lee -cine de superhéroes de autor- sustituyendo a Eric Bana por el siempre interesante -e incómodo- Edward Norton, quien, a su vez, sería sustituido por el actual Mark Ruffalo -quien maneja mejor un espectro que va de la comedia a la tragedia-. Sin embargo, la película es un buen entretenimiento, con un ritmo trepidante, que casi no ofrece respiro, aunque se resienta por sus peleas entre Hulk y el villano Abominación (Tim Roth), en las que vemos a dos personajes digitales dándose de mamporros. El nivel visual de la cinta, que imprime Leterrier, no es nada despreciable, con algunas secuencias estupendas, como la persecución en las favelas de Brasil o la forma en la que la sangre radiactiva gamma de Banner contamina un refresco en la fábrica en la que trabaja de incógnito (para desgracia de Stan Lee). Aunque el film haya acabado siendo un callejón sin salida -en el tintero se quedaron personajes como Leonard Samson (Ty Burrell) y Samuel Stern/El Líder (Tim Blake Nelson) seguramente semillas para secuelas que nunca se harán- esta entrega está firmemente anclada en el Universo Marvel: menciones al suero del súper soldado del Capitán América, la aparición de Tony Stark (Robert Downey Jr.) y el personaje del General 'Thunderbolt' Ross (William Hurt), que ha sido recuperado en películas posteriores como Capitán América: Civil War (2016).

ALTERED CARBON -IDENTIDAD LÍQUIDA


Altered Carbon es la penúltima apuesta de Netflix por generar contenido original, un esfuerzo ambicioso que lamentablemente falla. Lo primero que hay que decir es que la serie no esconde sus intenciones de apropiarse de la estética de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) -un poco como Mute (Duncan Jones, 2018)- o de su reciente secuela Blade Runner 2049 (2017). Aquí nos encontramos con una ambientación futurista impresionante, que estéticamente remite a la cinta de Scott: la ciudad distópica es la misma, con sus bajos fondos de cine negro, policías desencantados, prostíbulos y hoteles de mala muerte enfrentados a rascacielos luminosos y aislados. Basada en una novela ciberpunk de Richard Morgan, adaptada por Laeta Kalogridis, aquí los conflictos existenciales de los replicantes son sustituidos por otra excusa argumental, diferente pero equivalente: el hombre ha vencido a la muerte desarrollando una tecnología capaz de migrar la conciencia de cuerpo en cuerpo -llamados 'vainas'- ya sean usados -de otros- o sin estrenar -clonados-. Tampoco esto es nuevo, ya lo hemos visto en otra adaptación, la de Ghost In The Shell (2017) que seguramente también es un referente. Otro tema presente en Altered Carbon es la rebelión de los oprimidos, en este caso, una clase obrera que no puede acceder a la costosa inmortalidad, lo que remite también a otra obra inspirada en Phillip K. Dick, Desafío Total (1990). Si allí los ricos controlaban nada menos que el aire, aquí solo ellos pueden darse el lujo de vivir para siempre, como el enigmático multimillonario Laurens Bancroft (James Purefoy)Recordemos que el tema del enfrentamiento de clases está de fondo en los replicantes de Blade Runner, y en su auténtica heredera, la estupenda West WorldPor cierto, el musculoso protagonista de Altered Carbon, Joel Kinnaman -también fue el nuevo Robocop (2014)- está más cerca de Arnold Schwarzenegger que de Harrison Ford.

Altered Carbon se desarrolla entonces como una derivación de estas películas y de sus temas. En algunos momentos parece un exploit con dosis exageradas de violencia -se incide mucho en la sangre y el gore- aparatosas secuencias de acción y sexo -casi softcore-. El problema es que la trama también incluye situaciones dramáticas que se pretenden trascendentes, sobre temas de calado existencial que, simplemente, no convencen. Estas pretensiones, lamentablemente, impiden que esto sea verdaderamente divertido. El argumento se desarrolla como una novela policíaca, proponiendo la resolución de diferentes crímenes como motor de cada episodio, hasta que una trama mayor se apodera del relato con la idea de atar todos los cabos sueltos del pasado del protagonista.

Si Altered Carbon tiene ideas muy interesantes, hay que decir que no les saca partido. No explora en profundidad, por ejemplo, los cambios que experimenta una humanidad con la capacidad de ser inmortal, más allá de decirnos que los ricos siguen siendo ricos y los pobres, pobres. Especialmente desaprovechado está el tema de la religión ¿Cuál sería su papel si ya no es necesaria la trascendencia del alma cuando los cuerpos pueden sustituirse? La respuesta parece tan verosímil como simple: los religiosos -católicos- rechazan la inmortalidad argumentando que el alma, en un cuerpo en el que no has nacido, acabará en el infierno. Esto se expresa dramáticamente a través del personaje de Kristin Ortega (Marta Higareda) y de su madre, estereotipos latinos lamentables. 

Lo más interesante de la serie, y lo menos aprovechado, es la pervivencia de un personaje a través de varios actores, según va cambiando sus "vainas". Así, el protagonista Takeshi Kovacs es interpretado por el mencionado Joel Kinnaman, pero también por Will Yun Lee, Morgan Gao y Byron Mann en diferentes momentos. Creo que el personaje de Kovacs no está suficientemente bien definido como para que tengamos la sensación de estar viendo siempre al mismo sujeto con diferentes rostros. Más interesante todavía, en la serie, un mismo actor puede interpretar a diferentes personajes, según distintas psiques habitan sucesivamente el mismo cuerpo. Es el caso de la 'abuela' fallecida de los Ortega, metida en un cuerpo tatuado y lleno de piercings (Matt Biedel) que luego sirve para albergar al mafioso Dimi. Este criminal ruso -que antes fuera Tahmoh Penikett- es capaz de multiplicarse -ilegalmente- en varios clones. Las posibilidades de todo esto me parecen increíbles, si esta ficción hubiese decidido apostar fuerte: pensemos en cómo James Bond o Batman han sido encarnados por un montón de actores que -mejores o peores- relacionamos fácilmente con estos héroes, o como Harrison Ford es Han Solo, Indiana Jones y el Rick Deckard de Blade Runner (1982). Eso por no hablar de un tema mucho más profundo: el de la identidad. En el futuro que propone Altered Carbon, los más adinerados son capaces de tener una "copia de seguridad" en caso de que el soporte digital que contiene su psique sea destruido. Pero creo que volcar en un cuerpo una suma de rasgos de personalidad y recuerdos no es lo mismo que seguir existiendo. ¿O sí? En todo caso, el argumento no explora estas dudas.

Resulta por ello decepcionante esta Altered Carbon, porque creo que esquiva incluso sus propias ideas afortunadas, que acaban reducidas a guiños: como que el hotel en el que se hospeda el protagonista esté inspirado en Edgar Allan Poe (Chris Conner) lo que lleva a pensar en uno de sus relatos más conocidos, El entierro prematuro (1844) ¿No están los huéspedes de las 'vainas' enterrados en vida?

MARVEL FASE 1: IRON MAN -HEAVY METAL


La película que inaugura el Universo Marvel Cinematográfico puede parecer poca cosa hoy, pero en 2008 fue una auténtica revolución. Aquel primer film, dirigido por un director discreto como Jon Favreau, no aportaba demasiado como película de superhéroes. El origen del vengador de la armadura no era muy diferente del de cualquier otro personaje del género: vemos cómo Tony Stark (Robert Downey Jr.) obtiene sus poderes -en este caso, el protagonista fabrica su propia armadura- para luego ir superando obstáculos hasta el enfrentamiento con un antagonista final -el supervillano Obadiah Stone/Iron Monger (Jeff Bridges)-. Todo esto es, sin duda, lo menos interesante de la propuesta. En lo que Marvel Studios acertó desde el principio fue en introducir un sentido del humor que ahora es marca de la casa, que hace del film algo mucho más desenfadado y divertido, evitando los excesos de gravedad del superhéroe tradicional: nada que ver con las pretensiones de Christopher Nolan. Este sentido del humor sirve para retratar y hacer cercanos a los personajes, mucho más importantes que la trama en sí: el carisma de Robert Downey Jr. como Stark, las réplicas de comedia romántica de Pepper Potts (Gwyneth Paltrow), el alivio cómico del propio Favreau como Happy Hogan. Añadamos a esto el realismo en la forma de contar la historia -los personajes viven en nuestro mundo, el real, el actual y no en la amalgama imaginaria de Gotham City o Metrópolis- para hacer creíble la fantasía desbordada concebida por Jack Kirby y Stan Lee. Los conflictos internos de Tony Stark son más importantes que sus espectaculares peleas como Iron Man -aunque los efectos especiales sean impecables-. En esta primera película se plantean los errores del pasado y la sombra del padre como las principales causas de los problemas actuales de Stark, tema que se repetirá en posteriores secuelas y marcará al personaje incluso en su relación con Spider-Man. Si añadimos a esto la promesa implícita del film, que forma parte de algo mayor -Nick Fury salido de The Ultimates en la piel de Samuel L. Jackson- aunque discreta, Iron Man funciona como un tiro. Aunque luego haya sido superada.

LOS HAMBRIENTOS: CINE ZOMBIE DE AUTOR


Los hambrientos es un más que notable film de zombies que, contra todo pronóstico, consigue aportar algo novedoso a una temática muy explotada en los últimos años. Hablamos de todo un subgénero del Fantástico y del terror, creado por George A. Romero en La noche de los muertos vivientes (1968) -aunque haya precedentes como Yo anduve con un zombie (Jacques Tourneur, 1943)- que vivió su esplendor en los años 80, proliferando gracias a la explotación de italianos como Lucio Fulci. Actualmente el zombie es el monstruo que mejor parece expresar los tiempos que vivimos, tras renacer con el éxito de 28 días después (Danny Boyle, 2002) y Amanecer de los muertos (Zack Snyder, 2004)- y gracias a la popularidad de la serie The Walking DeadHemos visto muertos vivientes como vehículo para todo tipo de historias: las metáforas políticas del fallecido Romero; la comercialidad de blockbusters como Guerra Mundial Z o la saga Resident Evil -ambas en clave digital-; el humor de esa cumbre que es Zombies Party (Edgar Wright, 2004) y hasta el cruce con el universo literario de Jane Austen, en Orgullo y prejuicio y zombies (2016). Reconociendo que estos cadáveres ambulantes han bailado en Thriller (Johnh Landis, 1984) y salen hasta en Juego de Tronos ¿Qué queda por decir sobre ellos?

Los hambrientos -Les Affames en el original- es algo así como la madurez del subgénero. Ha ganado premios en festivales como Fantasporto, Molins de Rei, Montreal, Nocturna y Toronto. Desde la mirada del cine de autor, el canadiense Robin Aubert hace una película de muertos vivientes que tiene poco que ver con los ejemplos antes mencionados. Los tiempos muertos -perdonen el chiste- la ausencia de racord, de música y otras constantes estéticas de lo que solemos llamar 'cine de autor' se aplican a un argumento relativamente convencional: un grupo de supervivientes enfrentados a una epidemia y a la escasez de víveres. Pero ese deambular de los protagonistas por un mundo acabado antes que recordar a El día de los muertos (1985), tiene más que ver con el tono apocalíptico -y las pinceladas de humor negro- de Week-end (Jean-Luc Godard, 1967) o la aproximación a la ciencia ficción de Michael Haneke en El tiempo del lobo (2003). El fan de los zombies clásicos encontrará esta película muy lenta -nada que ver con la frenética Train to busan (Yeon Sang-ho, 2016)- y con un ritmo más espeso que el de los capítulos más pretenciosos de The Walking Dead. Solo que aquí, la mirada existencialista de Robin Aubert justifica la densidad del relato. Por si fuera poco, el canadiense elabora secuencias de tensión cuando los monstruos persiguen a los protagonistas, crea imágenes inquietantes -atención, sin gore, sin golpes de música, sin maquillajes elaborados- y encima tiene ideas originales, como las misteriosas pirámides de objetos perdidos que crean los zombies y que los protagonistas van descubriendo poco a poco. Para cinéfilos desprejuiciados y gorefans gafapastas.