BOARDWALK EMPIRE -TEMPORADA 4-


-AVISO SPOILERS-

En el séptimo episodio de la cuarta temporada de Boardwalk Empire, la portada de un periódico muestra la noticia de la muerte de Bobby Franks, un niño de 14 años asesinado por los tristemente célebres Leopold y Loeb. La portada nos sitúa no sólo cronológicamente, estamos en 1924, sino también moralmente. Leopold y Loeb eran dos estudiantes de la clase alta de Chicago, cuyo interés en las ideas de Nietszche les llevó a creerse "superhombres" que no tenían que rendir cuentas ante la Ley. El asesinato del pequeño Bobby fue el intento de cometer un crimen perfecto (la víctima fue elegida al azar, no había móvil alguno). Estos hechos inspiraron, años después, la película La Soga (Afred Hitchcock, 1948).


Nietszche proclamó la muerte de Dios, y en la realidad que dibuja Boardwalk Empire tampoco hay nada en lo que creer. Los personajes principales se pasean sin otro asidero moral que la ley del más fuerte. No hay reglas que guíen el comportamiento, porque no existe ninguna estructura que organice la sociedad. No hay una idea de nación porque todos los personajes tienen orígenes diferentes: irlandeses, italianos, judíos; los políticos son meros títeres; la democracia un chiste en el que los votantes son apaleados por los hombres de Al Capone; las instituciones, como el FBI, apenas están en formación y utilizan los mismos métodos que los hampones; los comercios son tapaderas para los criminales; en la iglesia, los párrocos son asesinados y sustituidos para manipular a los vecinos; la universidad es vista como un lugar de juergas juveniles y rivalidades que acaban en asesinato; la unidad familiar se desmorona corrompida por el engaño; el teatro es propaganda; y la bolsa un instrumento para engañar a los incautos: en cinco años el crack del 29 acabará con todo. Estas ideas sobre una sociedad descompuesta se convierten en metáfora en la casa de Nelson Van Alden (Michael Shannon): el exagente de policía la ha construido con sus propias manos, pero nada funciona en ella.


Si el tono de lo que se cuenta en esta cuarta temporada es desesperanzado y crepuscular -Nucky sueña con dejar "el negocio"- los elementos narrativos, la forma, se ajusta al contenido. El paseo que da nombre a la serie, y que servía como punto de encuentro para todas las tramas, desaparece dejándonos a la deriva: los escenarios se diversifican: a Atlantic City y Chicago se añade la sudorosa Florida. Nucky Thompson (Steve Buscemi) ha perdido protagonismo en favor de una historia más coral, en la que los puntos de vista se multiplican haciendo más difícil que tomemos partido por un personaje. El poder de Nucky es cada vez menor, y si en la primera temporada se esforzaba por mantener una fachada de respetabilidad, ahora lucha por sobrevivir en un territorio cada vez más disputado. El mayor indicio de de que la corrupción comienza a carcomer los cimientos de su imperio es la heroína, que sustituye al alcohol ilegal. Y en este escenario de incertidumbre, el mayor peligro es la traición.


El antagonista de esta cuarta entrega de la serie, Valentin Narcise (Jeffrey Wright), es traicionado por Daughter Maitland (Margot Bingham) que se enamora de Chalkie White (Michael K. Williams). Éste, engaña a su mujer y a su familia, pero a la vez es traicionado por su esbirro, el peligroso Dunn Purnsley (Erik LaRay Harvey). El enfrentamiento final entre ambos es el clímax de la temporada, y hace estallar la tensión que se venía acumulando en los episodios anteriores en una escena de violencia descarnada que desencadena el conflicto del resto de la historia. Chalkie White descubre que Purnsley estaba bajo la influencia de Narcise y declara una guerra en la que espera tener de su lado a Nucky. Lo que el propio Thompson no sabe es que su hermano, Eli (Shea Whigham) está colaborando con el agente Knox (Brian Geraghty) para salvar a su hijo (Ben Rosenfield) a pesar de sentirse despreciado como padre por éste. Eli y Knox ayudarán a destapar el doble juego de Meyer Lansky (Anatol Yousef) que trafica con heroína a espaldas de Nucky para Joe Masseria (Ivo Nandi) que resulta ser socio de Valentin Narcise. Se cierra el círculo. Todos engañan.


En este universo sin sentido en el que cada personaje busca el amor, el dinero o el poder, irrumpe una nueva voz. La de Daughter Maitland. Su llegada no sólo desencadena el conflicto principal, sino que marca el tono desesperanzado de la historia. Daughter transforma los alegres números de jazz del Club Onyx en el blues triste y melancólico que impregna toda la temporada. La música se vuelve triste, y nosotros también. Es el fin de la inocencia.


Todos los personajes traicionan, roban, se drogan, o cometen asesinatos sin demasiados remordimientos. Todos menos uno, que parece atenerse a un código de honor que le obliga a ser fiel a su empleador. Eddie Kesler (Anthony Laciura) es obligado por el agente Knox a traicionar a su jefe. Pero Kesler elige hacer lo único coherente en un mundo en descomposición como el de Boardwalk Empire. Elige enfrentar el "único problema filosófico verdaderamente serio", que planteaba Camus.

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