EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (MATT REEVES, 2014)


Al principio de El amanecer del planeta de los simios se nos muestra una escena de caza, en la que los chimpancés inteligentes acorralan a sus presas actuando como un grupo organizado a la manera de los hombres primitivos. Durante la secuencia, la banda sonora parece evocar el Réquiem de György Ligeti que Stanley Kubrick utilizó en su obra maestra 2001: una odisea del espacio (1968) y específicamente en el segmento El amanecer del hombre, en el que los primitivos simios entran en contacto con el misterioso monolito extraterrestre que les permite evolucionar hacia la humanidad.


Una referencia tan sofisticada puede ser la pista de que no estamos ante una precuela -absurda- de la película clásica de 1968 dirigida por Franklin Schaffner y escrita por Rod -The Twilight Zone- Serling que tiene probablemente el final más famoso de la historia del cine. Tampoco se trata de un remake literal de las tres últimas secuelas de esa película, que eran al mismo tiempo precuelas gracias a una paradoja temporal. Esta nueva trilogía del Planeta de los simios es más bien una reimaginación de esas tres películas mucho menos conocidas: Huída, Rebelión, y Batalla por el Planeta de los simios (1971, 1972 y 1973) que narraban el nacimiento y ascensión de César como el líder que acabaría conquistando el mundo y esclavizando a los hombres. Está por ver si la futura entrega de la nueva saga -a estrenarse en 2016- acaba con la llegada de un astronauta humano con los rasgos de Charlton Heston.


Matt Reeves (director de Monstruoso, 2008) -por cierto, el creador de Felicity (1998) recupera aquí a Keri Russell- utiliza un esquema para su historia que recuerda westerns como Fort Apache (John Ford, 1948) Flecha Rota (Delmer Daves, 1950) o Una trompeta lejana (Raoul Walsh, 1964) en los que peligra un tratado de paz entre los hombres blancos y los indios norteamericanos: César (Andy Serkis) sería algo así como Cochise. Pero el mayor atractivo de la película, y de su antecesora El origen del planeta de los simios, es la recuperación de un cierto modo de contar una historia: el de la serie B de ciencia ficción. Con ello no quiero referirme a una cuestión de medios, ni de presupuesto -aunque es verdad que la saga no cuenta precisamente con estrellas taquilleras como reclamo- sino a una forma de encarar la narración que poco tiene que ver con el deslavazado blockbuster de Hollywood de los últimos años. Me refiero a la forma de hacer cine de, por ejemplo, el Jack Arnold de La mujer y el monstruo (1954) y El increíble hombre menguante (1957). Esto es, partiendo de un argumento de ciencia ficción evocador pero francamente absurdo, contar una historia con total seriedad, y sobre todo, con una efectividad narrativa tremenda que no recurre a trampas ni a fuegos artificiales. Las escenas de acción aparecen sólo cuando es necesario, y los efectos especiales son impresionantes pero absolutamente necesarios para contar esta historia. La perfección con la que están recreados los simios -chimpancés, gorilas y orangutanes- es apabullante y se acerca sin duda a la idea original de Pierre Boulle en su novela de 1963. Porque a pesar del cariño que profesamos hacia los maquillajes de látex originales, elevados sin duda a la categoría de mito cinematográfico, aquellos siempre fueron hombres disfrazados. Aquí encontramos verdaderos simios que al hablar, empuñar armas y cabalgar se convierten en la verdadera esencia de lo fantástico. La imagen de lo imposible, de la bestia que ha robado el papel del hombre en la creación y que nos sigue perturbando por alguna oscura razón.

TRUE BLOOD -TEMPORADA FINAL-


-AVISO SPOILERS-

True Blood (2008-2014) nunca prometió más que lo que ha dado. Siempre ha sido una serie desenfadada, ligera, y sobre todo muy divertida. Una mezcla de humor negro, gore, terror y mucho sexo. Elementos más que suficientes para mantener el interés de cualquier persona de bien. El planteamiento inicial, un mundo en el que los vampiros existen y han salido "del armario" para convivir con los humanos mortales, ha sido desarrollado durante siete temporadas y poco quedaba por explorar. Los guionistas -supongo que inspirándose en las novelas originales- han ido profundizando en esa sociedad imaginaria de no-muertos, que tiene sus reglas particulares, sus leyes, y sus jerarquías. Y eso ha permitido que una serie sobre un tema tan manido como el de los vampiros, sea diferente. En alguno de sus momentos más divertidos, esos vampiros -cada vez más poderosos y desmadrados- parecían superhéroes luchando entre ellos: algunos a favor de los humanos, otros en contra y a pesar de ser todos unos marginados. Como los X-Men de Marvel Cómics. Además de los vampiros, la serie ha ido agregando seres fantásticos a sus bestiario particular: hadas, cambiantes, hombres lobo, etc. Y todo eso está muy bien, pero no nos engañemos. El corazón de True Blood bombea melodrama por sus venas: las peripecias románticas de la protagonista Sookie Stackhouse (Anna Paquin), y el resto de personajes, constituyen las tramas principales de la serie. Y a pesar de cierta distancia irónica, los guionistas nunca se han cortado a la hora de ponerse "pastelones". Tampoco pasa nada.


Tras siete temporadas, probablemente la serie había perdido fuerza y brillo. El final de la sexta entrega daba un salto en el tiempo, una elipsis, que permitía cambiarlo todo: nos encontrábamos con un escenario casi apocalíptico en el que vampiros infectados con un virus se convertían en una amenaza para todos. Al inicio de esta séptima temporada aterrizábamos en ese nuevo mundo, con nuevas reglas, y con la sensación de que nos habíamos perdido algo. La muerte, algo abrupta, de dos personajes importantes marcaban los primeros cinco episodios, que sirvieron para cerrar precisamente esa línea argumental de los vampiros infectados. Tras esta, se desarrolla la subtrama más divertida de la temporada final, que protagonizan Eric (Alexander Skarsgard) y Pam (Kristin Bauer van Straten). Su búsqueda de la cura para la mencionada enfermedad -el equivalente vampírico del SIDA- está cargada de humor negro y es seguramente el mejor testimonio del verdadero espíritu de True Blood. Yo vería un spin-off sobre estos dos.


Por otro lado, en esta última temporada nos hemos ido despidiendo de todos los personajes. Los guionistas se han esmerado en que cada uno tenga su pequeño momento. Un esfuerzo que se agradece -hemos compartido seis años con ellos- pero que sin duda pasa factura a la historia, menos compacta que otras temporadas de la serie. Y si True Blood es en realidad una historia de amor -o varias- en esta séptima entrega vamos viendo como cada personaje es emparejado con otro. La idea de "final" que tienen los autores de la historia es resolver la situación sentimental de absolutamente todos.

Si Jessica (Deborah Ann Woll) parecía destinada a unirse a Jason (Ryan Kwanten) ahora descubrimos que la naturaleza de su relación era otra. "Cuando estamos juntos siento como si estuviéramos en una burbujita flotando sobre la Tierra. Sé que no puedo estar así siempre, pero me ayuda a sentirme mejor cuando vuelvo a poner los pies en el suelo", le dice Jason a Jessica a modo de despedida. Justo a tiempo para el regreso de Hoyt (Jim Parrack), que se revela como el verdadero amor de la vampiresa pelirroja. Chico con suerte.



En el último capítulo de True Blood asistimos a una boda y a un funeral. Ambos relacionados con la historia más importante de toda la serie: el destino final de la pareja que forman Sookie y Bill (Stephen Moyer). Los sentimientos entre ellos habían demostrado ser capaces de sobrevivir a cualquier obstáculo. Parecían inseparables. Pero Bill nos sorprende con un análisis muy interesante de su relación amorosa: para él, Sookie está atrapada en una relación tóxica. El vampiro se siente culpable por todas las cosas terribles que le ha hecho a ella y le sorprende que, a pesar de todo, Sookie siga enamorada. Está enganchada. Pero Bill la ama de verdad, y por ello decide hacer algo radical: acaba sacrificándose para verla feliz.

LA CHICA DEL 14 DE JULIO (ANTONIN PERETJATKO, 2013)


Dijo Jean-Luc Godard (París, 1930) que para hacer una película sólo necesitas una chica, una pistola y un coche. De todo eso hay en La chica del 14 de julio, una película que me ha hecho feliz. Eso a pesar de que cierta "corrección política" ha llevado a que esa pistola de la que hablaba Godard tenga balas de cloroformo.


Hay mucho de Godard en esta película que recupera el espíritu de la Nouvelle Vague, y especialmente el de su primera etapa: Al final de la escapada (1960), Pierrot le fou (1965), pero también de sus películas más libre y politizadas como La chinoise (1967). Los ingredientes para actualizar ese espíritu son chicas muy guapas, humor surrealista y un ritmo sin pausa que acumula situaciones que rebosan ingenio, buen rollo, y ganas de vivir. Porque a pesar de que sus personajes son críticos, politizados, y hasta perseguidos por la Ley, La chica del 14 de julio consigue cierta inocencia que parecía perdida.


Una inocencia que permite contar una historia de amor muy sencilla, que flota ligeramente por encima del humor y de los comentarios sobre la crisis económica en Europa. Una pequeña historia que no habla de las chicas que se olvidan con el tiempo, sino de las que se quedan con nosotros para siempre y reaparecen cuando leemos un libro, cuando escuchamos una canción, o cuando vemos una película. La frase más triste de La chica del 14 de julio -probablemente la única- está en boca del personaje más hilarante, el doctor Placenta, que recordando a un viejo amor de juventud -al que no había podido olvidar nunca- confiesa que el paso del tiempo, en lugar de curarle, le hace sufrir al descubrirse "un año más lejos" de su amada.

BORGMAN (ALEX VAN WARMERDAM,2013)


-AVISO SPOILERS-

Tras el final de Perdidos (2004-2010) millones de fans se quejaron hasta echar de twitter a Damon Lindelof por no responder a varias incógnitas ¿Qué era el humo negro? ¿Quién construyó la gigantesca estatua de cuatro dedos? y ¿Qué era la isla? Lo que los desagradecidos frikis no tuvieron en cuenta es que habían estado enganchados y pasándoselo bien durante 121 capítulos. Perdidos dejó de emitirse sin revelar sus secretos. Y eso está bien. En Borgman -¿es un spoiler?- tampoco sabremos de qué iba la cosa al salir de la sala de cine. Pero si aceptamos eso, podremos disfrutar de un relato fascinante, abierto a múltiples interpretaciones.


Borgman es un hombre de traje que se infiltra como un mal sueño en una familia de clase media alta para destruirla desde dentro. Pero nunca sabremos realmente quién es, ni quiénes son los hombres -también de traje- que le acompañan, ni qué significan las cicatrices en la espalda, ni de dónde salen esos fantasmales galgos con los que Borgman parece poder comunicarse. Lo mejor de la película es precisamente que, al no aclarar esos enigmas -y otros muchos- nos da la oportunidad de ser espectadores activos -esto no es televisión- y nos permite interpretar lo que hemos visto: dejar volar nuestra imaginación (espero que tengáis de eso).


¿Qué es Borgman y su grupo? ¿Es el mal? ¿Es la lucha de clases? ¿Es el aburrimiento de un matrimonio que lo tiene todo? ¿La insatisfacción inherente al ser humano? Borgman emerge de debajo de la tierra -¿es el subconsciente?- y enseguida le persigue un cura armado con una escopeta. Su irrupción en la vida del matrimonio que le abre su puerta despierta la violencia en el marido, y el deseo en la mujer ¿Por qué exactamente? No lo sabremos. Pero la pregunta es ¿Necesitamos saberlo? ¿Necesitamos respuestas?


Imaginar el pasado de Lobezno antes de que nos lo contaran; crear mentalmente la imagen de Cthulhu antes de que hubiera incluso peluches; o anticipar lo que hizo Marty McFly en el futuro antes de ver la secuela: todo eso es lo divertido de la ficción. La necesidad de que nos cuenten absolutamente todo es la muerte de la fantasía. Y es falso, porque la vida real también está llena de enigmas que nunca resolveremos: ¿Por qué el helado de chocolate y no otro? ¿Por qué no creo en algo superior? ¿Por qué has dejado de quererme otra vez?

HEMLOCK GROVE -TEMPORADA 1- WORK IN PROGRESS


CAPÍTULO 1
Apadrinada por Eli Roth -director de Hostel (2005)- el primer capítulo de esta serie de Netlifx se toma su tiempo para presentar a los personajes de un pueblo que es sacudido por la muerte de una adolescente: el referente -superficial- es sin duda Twin Peaks (1990-1991). Hay mucho adolescente guapo en Hemlock Grove, pero la serie intenta diferenciarse de un teen drama -como The Vampire Diaries (2009)- con algo de gore, sexo y consumo de drogas. Supongamos que eso la hace más "adulta". Eso sí, los protagonistas siguen siendo jóvenes en conflicto con su familia, y con el pasado de sus padres. Y hay dos polos: dos jóvenes marginados, uno por ser muy rico, otro por ser muy pobre. Ambos viven al margen de la Ley, por lo que puede decirse que ambos son lobos ¿cuál de los dos se alimenta del rebaño? En este primer episodio hay pistas que llevan a pensar que se va a desarrollar un folklore de hombres lobo y vampiros -como en True Blood (2008-2014)- pero también se insinúan mutaciones y experimentos genéticos: una mezcla muy del estilo de American Horror Story (2011).


CAPÍTULO 2 -AVISO SPOILERS-
El segundo episodio introduce un elemento que puede llegar a ser clave: la angustia. Los dos personajes principales, Peter y Roman, expresan cierta inquietud ante la sensación de que algo va a ocurrir. Cierta incomodidad existencial típica de la adolescencia -no estamos a gusto con nuestros cuerpos- que debería abandonarnos al llegar a la edad adulta. No siempre es así. Ese presagio de que algo va a ocurrir se manifiesta en la escena final, en la que descubrimos quién es el hombre lobo gracias a una transformación que recuerda a la de En compañía de lobos (Neil Jordan, 1984). Antes se ha añadido un nuevo elemento al catálogo de sucesos sobrenaturales: Letha asegura haberse quedado embarazada de un "ángel", manteniendo incluso su virginidad. Curiosamente, Roman impide que Christina pierda la virginidad liberando una serpiente -símbolo del pecado- en el baile del instituto. Una curiosidad: en clase Roman y Peter deben leer Cumbres Borrascosas, novela a la que se hace una pequeña referencia burlona en el inicio de Un hombre lobo americano en Londres (John Landis, 1981).


CAPÍTULO 3
El tercer episodio de Hemlock Groove confirma que se trata de una serie de ritmo pausado, que utiliza lentos movimientos de cámara para crear una atmósfera, antes que contar muchas cosas. Se busca primero la sensación de inquietud, que los sobresaltos a fuerza de sustos. Se confirma también que no se trata de un teen drama: no hay todavía ningún interés romántico y aunque Peter (Landon Liboiron) aparece muchas veces sin camiseta, no tiene los abdominales necesarios para decorar las carpetas de las adolescentes. Lo siento chicas. Este capítulo apunta más bien en otra dirección: la de comparar las jerarquías sociales del pueblo con las de la sociedad feudal: ahí está la tensión que sufre Roman, el príncipe heredero, cuando temerariamente decide mezclarse entre los siervos. Por otro lado, Peter es el gitano marginado. Lo novedoso es que tanto el príncipe y el gitano se sienten igualmente rechazados, y traban una alianza para encontrar al hombre lobo detrás de los asesinatos. Esto anticiparía una estructura de whodunit al estilo de La bestia debe morir (Paul Annett, 1974). Además, tres nuevos personajes son presentados: la doctora Chasseur -una especie de Clarice Starling del mundo animal- Destiny, la hermana de Peter; y Francis Pullman -al que pudimos ver de forma confusa en el episodio anterior- y cuya función parece ser la del Renfield de Drácula.

UTOPÍA -TEMPORADA 2-



EPISODIO 1
El primer capítulo de la segunda temporada de la serie británica Utopía, lamentablemente, es una precuela. Y digo lamentablemente porque personalmente estoy en contra de esa tendencia tan extendida en la ficción audiovisual actual de narrar lo ocurrido antes de historias que ya conocemos. La jugada parece ser apostar por lo fácil: se trata de desarrollar datos ya aparecidos en una historia previa, por lo que hace falta poca creatividad y sí mucho rigor para evitar errores de continuidad. Para defender mi tesis, propongo tres películas que contaban algo "nuevo": la trilogía clásica de Star Wars y os pido que las comparéis con sus precuelas. En Star Wars (George Lucas, 1977) Obi-Wan Kenobi (Alec Guinness) le dice a Luke Skywalker (Mark Hamill) que su padre luchó en las Guerras Clon. Aquel concepto activó nuestra imaginación durante décadas hasta que en El ataque de los clones (George Lucas, 2002) pudimos ver -¿por fin?- las mencionadas guerras. El resultado fue decepcionante ¿no era mejor lo que habíamos imaginado? En este primer capítulo de Utopia, descubrir la juventud de Phillip Carvel (Tom Burke) -de imagen idéntica a Julio Cortázar- y la infancia de Jessica Hyde y Arby tiene su morbo, sin duda, pero en definitiva sus historias resultan menos interesantes que imaginar los evocadores detalles que se habían ido revelando en la primera temporada. Tengo especiales problemas con las escenas en las que el pequeño Arby es torturado psicológicamente para ser convertido en el asesino psicópata que ya conocemos. En todo caso, el capítulo funciona como un apéndice curioso de la primera temporada y como un resumen bastante completo de la misma. Eso sí, Rose Leslie -Ygritte en Juego de Tronos- está guapísima como la joven Milner.


EPISODIO 2 -AVISO SPOILERS-
El segundo episodio nos devuelve al presente con los personajes de la primera temporada en situaciones algo diferentes. Básicamente todos viven alguna clase de encierro:  Jessica Hyde está encarcelada, Ian ha vuelto a su aburrido trabajo, Grant no puede salir de casa al ser un prófugo, Dugdale se ha visto obligado a aceptar un cargo político... en esta segunda temporada todo ha cambiado. El argumento de la primera temporada entera de Utopía habría cabido en un episodio de Expediente X (1993-2002) porque la apuesta de la serie es su estética, los planos sostenidos y los movimientos de cámara lentos para crear una atmósfera o más bien para expresar un estado de ánimo. Pero tras esos seis capítulos, no quedan misterios en Utopía, por lo que la serie parece decidida a mirar más a sus personajes, a acelerar el ritmo, y hacer más evidente el humor subterráneo de la primera entrega. Este segundo capítulo parece más luminoso y más desenfadado, con una Jessica Hyde convertida en un individuo muy peligroso: genial la idea de la antitortura para sacarle la información, aunque "Jess" no caiga en la trampa. Un apunte para los despistados -como yo- el actor que interpretaba al científico cocainómano que extorsionaba a Becky ha sido sustituido. Donaldson fue interpretado antes por Simon McBurney y ahora le da vida Michael Maloney.


EPISODIO 3 -AVISO SPOILERS-
En una serie de temporadas cortas como Utopía, es necesario que tengamos la sensación de estar metidos de lleno en la historia desde el principio. Este tercer episodio lo consigue: el tono es casi aventurero, muy ligero, pero al mismo tiempo comienzan a aparecer detalles amargos que presagian un final muy oscuro. Los protagonistas han dado un giro con respecto a la primera temporada, casi siempre para mal. Jessica Hyde (Fiona O´Shaughnessy) que sufrió en su infancia los experimentos de su padre, va camino de convertirse en la asesina psicópata que fue Arby (Neil Maskell) ahora reconvertido en héroe tras lidiar con sus traumas pasados. Ambos personajes, hermanos y con orígenes similares, parecen evolucionar en direcciones opuestas. Otro personaje transformado es Michael Dugdale (Paul Higgins) que demuestra que un funcionario cobarde y obediente puede ser incluso peor que un violento asesino. El tercer capítulo de Utopía revela que esta segunda temporada es un espejo de la primera: un nuevo misterio que no es más que un mcguffin; los protagonistas huyendo y escondiéndose; un asesino excéntrico (el resucitado Lee, interpretado por Paul Ready); otro personaje se convierte en un falso culpable; y La Red que sigue sin saber dónde está Jessica Hyde. Contiene este capítulo, además, una sorpresa que justifica el flashback que fue el primer episodio.


EPISODIO 4 -AVISO SPOILERS-
La cuarta entrega de Utopía nos presenta el concepto de los "durmientes": personas normales, sus cerebros lavados, que pueden ser activados con una llamada telefónica para desatar la epidemia destinada a "salvar el mundo". El Apocalipsis desencadenado por los borregos. Aterrador. Lo curioso es que el cerebro detrás de ese plan digno de un villano de James Bond fue a su vez la víctima -romaní- de la "solución final" de los nazis. Por otro lado, dos giros revelan que un personaje que parecía ser un traidor es en realidad víctima de un chantaje, mientras otro abraza por completo la causa de La Red.


EPISODIO 5 -AVISO SPOILERS-
En Utopía todo es cuestión de perspectiva. Una persona corriente puede decidir vivir su vida, hacer su trabajo, amar a su familia, sin pensar en nada más. Concentrarse en su ombligo siendo consciente de que simplemente es una parte muy pequeña de un todo mayor que no puede controlar ¿para qué preocuparse? Ian, el informático hastiado de su vida, era uno de ellos hasta que despertó para darse cuenta de que hay algo más allá de la rutina. Y en Utopía la clave para abrir los ojos es un cómic (una "novela gráfica" diría Becky). Un cómic creado por Phillip Carvel, el más brillante de un secreto grupo de hombres y mujeres que ven el mundo desde arriba y que se sienten capaces de resolver los problemas globales: se creen dioses. Tanto que Carvel ha elegido a un pueblo -el suyo- para salvarle del Apocalipsis. Los marginados históricos se convertirán en los únicos supervivientes. Wilson Wilson quiere formar parte de este grupo de dioses: se ha pasado la vida imaginando teorías conspiratorias y ahora él está detrás de ellas. Que haya perdido un ojo en el proceso indica que también ha perdido la perspectiva. Luego están Jessica y Pietre, meros peones en el tablero de La Red, cuyo conflicto es que hubieran preferido tener como padre a una persona corriente -y cariñosa- y no a un genio loco que mueve los hilos del mundo. Por último, este quinto episodio de Utopía nos muestra una nueva perspectiva: la del fracasado solitario que trabaja en una hamburguesería, y que sueña con tener el poder de acabar con todo. Salvar al mundo destruyendo a los que odia. Un "durmiente" que soporta en silencio las humillaciones cotidianas esperando en secreto el momento de la venganza.


EPISODIO 6 -AVISO SPOILERS-
"Hay gente mala que necesita controlar a los demás", dice Anton (Ian McDiarmid, mejor conocido como el Emperador Palpatine). Así se resume el último capítulo de la segunda temporada de Utopía cuyas tramas giran en torno a la capacidad de matar ¿se puede justificar la muerte de otro ser humano? Un nuevo asesino, Terrence (Steven Robertson) -el más peligroso de todos porque su apariencia es completamente normal- le plantea a una madre si sería capaz de matar a su hijo para salvar el medioambiente. Terrence está dispuesto a matar a millones para salvar al mundo. El dilema central del episodio lo tiene Ian (Nathan Stewart-Jarret) que se enfrenta a la necesidad de matar al propio Terrence y por la misma razón: salvar al mundo. Pero la peor prueba para Ian será descubrir si es capaz de matar a la persona que ama para evitar su sufrimiento. Antes, Ian comprueba que Wilson Wilson (Adeel Akhtar) ha cambiado para siempre. En una hipotética tercera temporada, será el nuevo Mr. Rabbit.

MIS DIRECTORES FAVORITOS: EDGAR WRIGTH


Cuando pasas de los 30 crees que ha llegado la hora de madurar, pero piensas ¡oye! todavía me queda tiempo. Cuando pisas los 40 y sigues sin encontrar tu sitio en esto que llamamos "vida", comienzas a preocuparte.

Shaun of the Dead
El director Edgar Wright, a través de su pareja fetiche Simon Pegg y Nick Frost, habla sobre eso película tras película en su todavía corta filmografía. Su trilogía del cornetto está compuesta por tres comedias infiltradas en un subgénero cinematográfico: Shaun of the dead (2004) es una de zombies; Hot Fuzz (2007) es una buddy movie; y The World´s End (2013) es -ojo spoiler- ciencia ficción en la vertiente de una invasión extraterrestre.

Hot Fuzz
En las tres, el protagonista es un sujeto inmaduro de más de 30 años, que prefiere jugar a la consola con un amigo antes que sentar cabeza con su novia. O que sigue persiguiendo la gloria perdida de la adolescencia convenciendo a sus antiguos colegas de que vale la pena cogerse el último pedo de bar en bar.

The World´s End
Pero si esa existencia patética es su condición inicial, los protagonistas de Wright -siempre encarnados por el también coguionista Simon Pegg- no madurarán tras enfrentarse a peligros fantásticos. Aquí el arco de personaje del héroe individualista no acaba con su asimilación por el grupo.

Shaun of the Dead
Todo lo contrario: la masa sin mente de zombies, los paletos de pueblo, o los robots alienígenas sin emociones son una declaración de intenciones: madurar puede ser en el fondo conformarse, asimilarse, despersonalizarse y en definitiva, dejar de soñar. Perder la individualidad como esos bares franquiciados -todos idénticos- de The World´s End.

Hot Fuzz
The World´s End
Luego está ese afortunado paréntesis en la filmografía de Wright, ese encargo llamado Scott Pilgrim contra el mundo (2010) que sería la película favorita de los personajes de la trilogía del cornetto. Una mezcla imposible de comedia romántica indie, superhéroes, anime, musica rock y kung-fu, que utiliza el lenguaje de los videojuegos, está basada en un cómic y tiene el ritmo de un trailer. Una película que parece un vistazo premonitorio al cine de palomitas del futuro y que ha sido casi completamente ignorada.

Scott Pilgrim contra el mundo
Lamentablemente, nos hemos quedado sin la que podría haber sido para Wright la película trampolín a los grandes presupuestos de Hollywood: Ant-Man, basada en un superhéroe de Marvel, será estrenada en 2015 bajo la dirección del mucho menos estimulante Peyton Reed. Las diferencias creativas tienen la culpa: Wright no ha querido asimilarse -madurar- a las exigencias creativas de Marvel Estudios cuya línea de producción exige productos eficientes, pero impersonales.

Ant-Man



EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (RUPERT WYATT, 2011)


Rencor. El intenso rencor que logra transmitir esa fría creación digital que es César (Andy Serkis) es lo que diferencia a El origen del planeta de los simios de otros blockbusters similares. Pocas películas comerciales tienen un protagonista que sienta tanto odio como ese chimpancé demasiado inteligente para sentirse a gusto entre los de su especie. César tampoco es aceptado por los humanos, que le consideran un simple animal de laboratorio. De ahí ese rencor que sienten los simios por el desprecio con el que son tratados por la sociedad humana, representada en la industria farmacéutica. Una empresa que busca el beneficio económico antes que salvar vidas -cancelan una investigación para curar el alzheimer- y que trata a los chimpancés como objetos prescindibles.


Esos chimpancés somos nosotros. Atrapados en jaulas, alimentados con comida basura producida de la forma más barata posible, y con la única recompensa de salir algunas horas al día al patio de juegos a relacionarse socialmente chillando histéricamente sin sentido. Hasta que aparece César y su inteligencia superior. Los otros simios intentan primero absorberle en el rebaño: le arrancan las ropas humanas que le hacen diferente. Pero César sabe algo que los otros son incapaces de comprender: fuera hay algo más. César conoce el exterior, y sabe que la vida no se reduce a un sólo camino marcado por los que tienen el poder. Pero hay que ser valiente y arriesgar para cambiar las cosas: para ser libre y, quizás, feliz.


El espejo -humano- de César es su padre adoptivo, Will Rodman (James Franco). Sus superiores no reconocen su genio y sólo les interesa su trabajo cuando parece posible sacar provecho económico. Will tampoco encaja entre los de su especie. Su soledad es absoluta: vive con un padre que sufre alzheimer y adopta un chimpancé como hijo. No tiene amigos, y aunque se enamora de Caroline (Freida Pinto) tarda años en compartir con ella sus secretos. La imposibilidad de relacionarse con otros está representada en ese vecino hostil (David Hewlett) -padre de familia y por lo tanto integrado en la sociedad- que reacciona de forma violenta ante el extraño modo de vida de Will.


El origen del planeta de los simios es la traducción al español del mucho más apropiado Rise of the Planet of the Apes. Porque ese levantamiento de los simios es el principio de una revolución.

JUERGA HASTA EL FIN (EVAN GOLDBERG & SETH ROGEN, 2013)


Resulta una obviedad decir que el humor es subjetivo. Por eso espero que entendáis que a mí Seth Rogen, Jay Baruchel, Jonah Hill, Michael Cera y compañía me hacen gracia. No es exactamente lo que dicen, sino cómo lo dicen, y ciertos matices de su interpretación -sólo apreciables en la versión original- lo que me hace reír. Conecto con estos treintañeros, decididamente poco agraciados, y con algo de sobrepeso.

Creo que en España -es sólo mi opinión- el humor que gusta mayoritariamente se apoya exclusivamente en la identificación. Desde El club de la comedia, pasando por Siete vidas hasta llegar al localismo de Ocho apellidos vascos, mi sensación es que lo que busca la mayoría del público español es reconocerse en la pantalla. Un humor que se basa antes en el gesto cotidiano compartido por la mayoría, que en la creatividad o la inteligencia. Yo personalmente prefiero cierto humor del absurdo, surrealista si queréis, que violentando lo cotidiano consigue una mirada mucho más profunda de lo que somos. Vale, soy un pedante.

Pero también quiero decir que esa otra vertiente humorística ¿la surrealista? ¿el posthumor? también es española. Es la apuesta por seguir el camino de los Monty Python, que ha tenido a sus mejores representantes en La Hora Chanante y sus continuaciones. Lamentablemente -para mí- las geniales imitaciones de Joaquín Reyes no han llegado "al gran público" hasta su reciente andadura en El Intermedio. Imitando a los gastadísimos personajes de la limitadísima actualidad nacional, Reyes ha encontrado la repercusión de la que no gozó con sus mucho más interesantes retratos de los personajes de la cultura pop ochentera. Su parodia de los políticos actuales hace "gracia" porque apela a las señas más reconocibles y aceptadas por la mayoría, pero en el camino se ha perdido creatividad, originalidad y sorpresa. Oye, pero para gustos...

En This is the end el grupo de cómicos que he mencionado antes juegan a ser ellos mismos, pero curiosamente deciden interpretar a sus personajes como si fueran los opuestos a la imagen que han tenido hasta ahora: Michael Cera es borde y cocainómano mientras que Jonah Hill es dulce y educado. Pero básicamente se retratan como adolescentes ¿normales? de treinta años que disfrutan fumando porros, jugando a la consola, y consumiendo comida basura. Lo que los hace diferentes es que han tenido la suerte de triunfar en Hollywood y de ser invitados a la mansión de James Franco, amigo de Seth Rogen desde la serie de Judd Apatow, Freaks and Geeks (1999). Este estilo de vida es declaradamente inmaduro: el trabajo de estos actores consiste en hacer películas -sueños hechos realidad- y probablemente se preocupan poco de las responsabilidades de la vida adulta: tienen dinero de sobra y empleados que se encargan de todas las tareas cotidianas. Con semejante existencia es normal que en el guión asome de vez en cuando cierto sentimiento de culpa, y el temor de que tanta suerte probablemente les llevará finalmente al infierno. Lo curioso de la propuesta es que ese humor apoyado en un retrato generacional, y barnizado de "realidad" gracias a la utilización de sus nombres verdaderos, se mezcla con la fantasía de un Apocalipsis bíblico. Con un par. Y en esas condiciones extremas los actores, y sobre todo el divertidísimo Danny McBride, no tienen reparos en analizar el lado oscuro que probablemente se haría evidente en todos nosotros en una situación de "sálvese quien pueda".

BIG MENTALITY


¿Has visto Big (Penny Marshall, 1988)? Pues yo me siento constantemente como Tom Hanks: como si fuera un crío habitando el cuerpo de un hombre de cuarenta tacos tras haberme saltado todas las etapas que llevan a la madurez. A veces me gusta entrar en un restaurante para comer guarrerías o entrar en una tienda y comprarme algo completamente inútil y mi mentalidad es un poco "nadie sabe que en realidad soy un niño de 10 años y me han dado una tarjeta de crédito ¡Yujuuuuu!"

Quiero confesar que creo que ser adulto está sobrevalorado. Ser serio y maduro es muy aburrido. Y es inútil ¿De verdad crees que por ver los informativos y estar informado tienes un mayor control sobre tu vida? ¿Cómo? Si vives en democracia tu voto vale tanto como el de uno que sólo ve partidos de fútbol -y ellos son más- ¿Para qué te preocupas entonces? ¿No es mejor hacer el chorra? Pagar el alquiler y no salir a la calle desnudo son las únicas cosas de "persona adulta" que pienso cumplir. Para todo lo demás tengo una amiga súper madura que me tira de la oreja cada vez que estoy al borde del abismo. Gracias.

OPEN WINDOWS (NACHO VIGALONDO, 2014)


-AVISO SPOILERS-

En la trilogía de cortometrajes Código 7, Nacho Vigalondo nos cuenta la historia de Palmer Eldrich, un héroe espacial que está atrapado en una realidad virtual que simula el Madrid del año 2002. La voz en off del propio director nos cuenta una espectacular space opera -que ocurre supuestamente en la mente del protagonista- sobre la mundana imagen de un joven desaliñado que se levanta de la cama y se prepara un café en un piso cochambroso.


Curiosamente, Open Windows podría ser la elaboración de ese mismo concepto hasta su máxima sofisticación posible. La idea ahora es contar una historia a través de la pantalla de un ordenador -un experimento que parece una evolución última del found footage dirigida por Brian De Palma- y el resultado se parece mucho a Código 7: Vigalondo consigue meternos de lleno en un intenso thriller utilizando voces en off y muy pocos personajes casi siempre en primer plano y mirando a cámara. El mayor logro -para mí- de la película es que consigue crear la sensación de un mundo real mucho más amplio casi exclusivamente a través de diálogos. El mecanismo es un poco el mismo que utiliza una obra de teatro -que nos pide imaginar lo que no podemos ver- sin querer decir con esto que la película sea teatral. Ni mucho menos.


Open Windows comienza con Dark Sky, una película dentro de la película que parece ser el blockbuster opuesto a Extraterrestre (2011) -todos los protagonistas de aquella aparecen aquí- y que curiosamente recuerda poderosamente a The Worlds End (Edgar Wright, 2013). Ha querido la casualidad que estuviera yo viendo justo ahora -muy tarde, ya lo sé- la estupenda serie Utopia (2013) por lo que descubrí la identidad del misterioso antagonista que oculta su rostro al más puro estilo giallo. Resulta fácil pensar que este peligroso criminal con la capacidad para controlar cualquier cámara a nuestro alrededor es una metáfora de la figura -sádica- del director de cine. Por otro lado, el protagonista, Elijah Wood, completa con esta, y con Grand Piano (2013) y Maniac (2012), una curiosa trilogía en la que su persona, y su punto de vista, se convierten en el centro absoluto de la narrativa.


Open Windows se resuelve con un giro final sobre el protagonista que sacará a alguno de la película, pero que resulta completamente coherente con una propuesta basada en que nada es real, todo es simulación -que además remite directamente a Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960)- y que propone un comentario sobre nuestra identidad diluida en las múltiples redes sociales a las que seguramente la mayoría pertenecemos. El director se cobra -quizás- una cuenta pendiente con los internautas dejando claro que les considera amorales y poco inteligentes: borregos sin sentido del humor dispuestos a seguir cualquier tendencia. Como alternativa, Vigalondo propone el aislamiento total -sin privarse del entretenimiento cultural- para escapar a la vigilancia a la que estamos sometidos. Lo cierto es que tras ver Open Windows pasearme por las ventanas de mi smartphone me resulta un poco más inquietante.

SERIES QUE ME DA VERGÜENZA VER: GRIMM


GRIMM
A favor: Casi todo. En realidad no me da vergüenza ver Grimm. Me gusta de verdad. Es una serie muy entretenida, que mezcla Expediente X con Buffy Cazavampiros. Tiene acción, momentos terroríficos decentes, y sobre todo mucho sentido del humor. Además, es sin duda el mejor producto audiovisual que se ha apuntado a la moda de reinterpretar los cuentos infantiles clásicos. Y lo más importante: Grimm ha conseguido crear su propia mitología con más de 50 clases de seres fantásticos diferentes.

En contra: Obviamente Grimm no juega en la misma liga que Mad Men o Breaking Bad. Tampoco es innovadora como Lost o Fringe. Pero tampoco lo pretende Y si la comparamos con series con objetivos similares como Arrow o Marvel: agentes de S.H.I.E.L.D, creo que Grimm sale ganando.

Por qué pierdo mi tiempo: sobre todo por Monroe (Silar Weir Mitchell) un "hombre lobo" vegetariano.

Sería buena si... sería directamente una serie de culto si hubieran optado por caracterizar a las criaturas, los wesen, con maquillaje y máscaras de látex, y no por la vía de unos efectos digitales muy poco satisfactorios.

En la tercera temporada... Los guionistas nos sorprenden con un giro tremendamente oscuro. El protagonista, Nick (David Giuntoli) es convertido en un zombie que ataca a cualquiera que se cruce en su camino hasta que es detenido y curado por sus compañeros. Todo parece volver a la normalidad pero, mientras estuvo poseído, el grimm mató a una persona. Al descubrirlo, Nick -un personaje completamente positivo- decide "hacer lo correcto" y entregarse a la policía. Pero sus compañeros se lo impiden: piensan que la muerte no fue su culpa, y hacen un pacto para encubrirle. Han llegado a la conclusión de que no es necesario obedecer la Ley, ya que ellos son diferentes. Ellos saben que hay "algo más": un mundo oculto de seres fantásticos, que el resto de personas "normales" no conoce. Los "otros" viven sin saber la verdad, y es mejor así: no la soportarían. 

Precisamente, en otra subtrama, estos mismos personajes deciden dejar a su compañero policía, el sargento Wu (Regie Lee), al borde de la locura antes que decirle la verdad sobre los wesen. En la misma línea, los protagonistas eligen quitarle un poderoso bebé a su madre -Adalind (Claire Coffee)- por su propio "bien" y el de su guerra contra las familias reales. Si en la tercera temporada de Grimm no se echa en falta la presencia de un antagonista con más empaque es porque la apuesta es explorar el lado oscuro de los propios protagonistas: ellos mismos serán sus peores enemigos.

Cerca del final de la temporada aparece una joven Grimm (Jacqueline Toboni)  -¿Grimm Girl?- que también puede ver a los wesen pero se cree loca. Trubel es adoptada por Nick, que le enseña la verdad: no está sola. El nuevo personaje es una mezcla de Robin y, de nuevo, Buffy.

THE LEFTOVERS -CAPÍTULO 1-


En el libro El cine según Hitchcock (1962) el maestro del suspense le cuenta a François Truffaut el potente inicio de una hipotética película que nunca se atrevió a rodar. En este, un barco era descubierto en alta mar completamente vacío: la tripulación había desaparecido. La razón por la que Hitchcock no quiso continuar estar historia es que pensaba que ningún final estaría a la altura de un inicio tan evocador. 

El 23 de mayo de 2010, un montón de frikis en Internet pusieron a parir el final de Perdidos. Lo que los fans pedían eran respuestas a los numerosos misterios que planteaba la serie ¿qué era la isla? ¿por qué estaban todos los personajes allí? ¿qué era el humo negro? Lo que no entendió la mayoría es que la propuesta de Perdidos se basa en disfrutar del trayecto antes que en encontrar respuestas que inevitablemente iban a dejar insatisfechos a muchos. La serie se planteaba como un cadáver exquisito que podía continuar eternamente en un esquema de árbol cuyas ramas se extienden al infinito, antes que en una estructura circular y cerrada. La idea, lejos de ser descabellada, no es nada nueva: basta coger un tebeo como Superman (1938), o disfrutar de cualquier película sobre James Bond tras Dr. No (1962).

En The Leftovers, uno de los creadores de Perdidos, el odiado Damon Lindelof, demuestra que no ha escarmentado y plantea de nuevo un misterio inicial muy potente: un 2% de la población mundial ha desaparecido sin ninguna explicación. Simplemente se han esfumado. Inevitablemente, algún espectador le dará vueltas a la cabeza buscando explicaciones al extraño suceso que propone la serie. Primera pista: la serie se titula The Leftovers y no The Departed. Trata sobre los que se han quedado, y no sobre los que se han ido.

La idea es explorar un mundo en el que todos comparten un mismo sentimiento: la ausencia de alguien. Cada personaje lidia con esa sensación de pérdida -una vez más el 11S- de una manera diferente. El mecanismo que activa la historia no es más que una excusa de ¿ciencia ficción? para proponer una metáfora de algo que está presente en la vida de todos: la muerte. Nosotros tampoco comprendemos nunca el sentido último de las desgracias que nos tocan vivir ¿o sí? Lo que el primer capítulo de The Leftovers parece indicar es que se trata de una serie de personajes que luchan contra el insoportable sufrimiento de haber perdido a alguien para siempre.

EL SUEÑO DE ELLIS (JAMES GRAY, 2014)

Marion Cotillard
-AVISO SPOILERS-

Vivir su vida (Jean-Luc Godard, 1962) cuenta la historia de una mujer que lo deja todo por un sueño y acaba prostituyéndose. En su película, Godard consigue los planos más hermosos -de la historia del cine- gracias al rostro de Nana (Anna Karina) contemplando La Pasión de Juan de Arco (Carl Theodore Dreyer, 1923) un film mudo que utiliza los primeros planos de María Falconetti para expresar -como nunca antes- el sufrimiento de la protagonista. En El sueño de Ellis, el director neoyorquino James Gray nos cuenta un melodrama a través del rostro de Ewa (Marion Cotillard).

Anna Karina
Ewa es una inmigrante que al llegar a Estados Unidos se enfrenta a una serie de desgracias -es violada, humillada, prostituida, rechazada por su familia, deportada y acusada falsamente de asesinato- que ponen a prueba su fe, y su capacidad de lucha. Pero son esos obstáculos los que revelan su verdadera naturaleza. Ewa soporta todas las desgracias sin derrumbarse -se sacrifica- para salvar a su hermana. Supera sus pequeños pecados iniciales -un pequeño robo, el desprecio con el que trata a Bruno- y a través del sufrimiento crece espiritualmente: aprende a perdonar.

María Falconetti
Ewa posee una belleza y una pureza que encandilan a Bruno (Joaquin Phoenix). Él ve algo especial en ella desde el primer momento, pero comete el error de tratarla como a una más de sus chicas. Bruno tiene un grupo de bailarinas a las que explota y prostituye, pero también protege. Cuando descubre a Ewa entre los inmigrantes de la isla de Ellis, decide engañarla como a las otras para hacerse con ella. Pero Bruno no cuenta con el rechazo inicial de Ewa, un desprecio casi instantáneo que le lleva a intentar ganarse su aprecio por todos los medios. Quizás por eso se enamora, y se condena, porque en ese amor no puede evitar ver el reflejo de sus propios defectos. Hasta entonces le iba bien con sus chicas, que se sentían incluso agradecidas a él. Pero la pureza de Ewa hace patente la sordidez de su vida. Inmaduro, inseguro, e incapaz de contener sus emociones, Bruno se enfrenta al mundo entero, y arruina completamente su vida por amor. Su perdición es que Ewa -forma polaca de Eva- le hace sentir culpable. Su única posibilidad de redención es salvarla y sacrificarse.


En la demoledora escena final, Bruno confiesa a Ewa que la ha manipulado desde el principio. Es consciente de que su vileza tiene la misma medida que su amor por ella. Ewa, a pesar de la confesión, es capaz de perdonarle. En un único plano final -hermosamente compuesto- se nos muestra el destino de ambos personajes. Ewa asciende y se acerca a su sueño. Bruno desciende hacia los infiernos de haberse atrevido a amar a alguien demasiado perfecto.