DEMONS (LAMBERTO BAVA, 1985) #NOCTURNA2015


Poco puedo decir yo sobre un clásico del cine de terror como Demons.  El espectador desprevenido -ignorante- puede confundirla con una casposa Serie B. En parte lo es. Esos demonios que atacan a los protagonistas parecen salidos de un exploitation de Posesión Infernal (Sam Raimi, 1981), cambiando la cabaña en el bosque por un cine -el Metropol- y el lovecraftiano Necronomicon por una máscara, en lo que seguramente es un guiño del director, Lamberto Bava, a una de las grandes películas de su padre, La máscara del Demonio (Mario Bava, 1960).


Sí, los demonios de Bava recuerdan a los deadites de Raimi, pero hay más semejanzas. La aproximación de ambos directores al género parece ser la misma: los dos se sirven de los clichés del cine de terror -gastados ya en los años 80- para hacer obras autoconscientes, postmodernas. Raimi lo consigue en parte por la vía del exceso, pero sobre todo con la utilización del lenguaje cinematográfico. Sirviéndose de todos los trucos de cámara y de montaje que le permite su bajísimo presupuesto, Posesión Infernal dice a gritos "esto es una película". Curiosamente, Demons hace lo mismo utilizando la metaficción: las víctimas de la historia son espectadores que asisten a un cine en el que se proyecta una película de terror. Concretamente, lo que parece un giallo. No es casualidad, ya que detrás de la producción está nada menos que Darío Argento. El giallo se había inaugurado con La muchacha que sabía demasiado (Mario Bava, 1962) y para 1985, Argento había firmado sus mejores obras: ese mismo año estrenaba la cumbre, Phemomena. Es quizás Demons el epílogo de un subgénero en decadencia que ya había sido absorbido por el slasher estadounidense de La noche de Halloween (John Carpenter, 1978) y Viernes 13 (Steve Miner, 1980) con sus innumerables secuelas. En esta línea, Demons parece hablar de un cambio generacional. Primero nos muestran a la chica protagonista, Cheryl (Natasha Hovey), rodeada de ancianos en el metro y al final la vemos morir -algo inaudito- a manos de un niño. El terror sobrenatural, inexplicable, infeccioso -como el cine zombie- parece sustituir al final explicativo y racional que desvelaba la identidad del asesino en el giallo. Precisamente, ese asesino ya no es la amenaza (externa), ahora son los propios protagonistas -los espectadores- los que se convierten en monstruos. Curiosamente, el final apocalíptico de Demons -ahí están las alusiones a las profecías de Nostradamus- con sus toques pulp o, más bien, auténticamente grindhouse -el héroe subido a una moto decapitando demonios dentro del cine con una espada samurái- prefigura los finales de las siguientes aventuras del Ash de Posesión Infernal: Terroríficamente muertos (Sam Raimi, 1987) y El ejército de las tinieblas (Sam Raimi, 1992). 


Demons es cine dentro del cine y por eso hay que dar las gracias al Festival de Cine Fantástico de Madrid, Nocturna, por permitirnos verla en una pantalla grande. Para completar la magia, los que asistimos al pase recibimos una réplica de la entrada con la que los protagonistas acceden en la película al cine Metropol. A la salida, quizás, nosotros nos encontramos también con el fin del mundo.



MÉXICO BÁRBARO (VARIOS, 2014) #NOCTURNA2015


México Bárbaro es una antología de terror que presenta a 8 directores mexicanos en otras tantas historias. Como toda película de episodios, resulta irregular en su calidad, pero creo que la media es más que aceptable. El conjunto es bastante coherente, ya que todas las historias tienen en común la utilización de elementos de la realidad mexicana. Todas las historias comparten, además, un tono truculento y sexual.


-AVISO SPOILERS-

Tzompatli (Laurette Flores Born) -su título lo dice todo- es una historia de crímenes, muy de crónica negra, que relaciona a los narcos con antiguos rituales mexicas. Sugerente.


Jaral de Berrio (Edgar Nito) es la historia de dos bandidos que se refugian en una hacienda abandonada en la que encuentran a una suerte de lamia. El director parece inspirarse en los momentos más alucinados de la trilogía de Evil Dead de Sam Raimi.


Drena (Aaron Soto) utiliza un cigarrillo robado a un muerto para contar una historia alucinada, con una fuerte carga sexual, que crea una atmósfera de pesadilla.


Muñecas (Jorge Michel Grau) está basada en un aterrador lugar real, la isla de las muñecas en Xochimilco. Tiene ecos de La Matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) con su gigantesco carnicero persiguiendo a una chica traumatizada y alusiones al canibalismo. Inquietante y atmosférica.


En Lo que importa es lo de adentro (Lex Ortega) la figura del mendigo, del olvidado, sirve de camuflaje al "coco" infantil, tradicionalmente utilizado para asustar a los niños. Se trata de una historia voluntariamente feísta que se sirve de la figura del hombre del saco, del "sacamantecas", para una escena de ultragore que actualiza al personaje convirtiendo al coco en un traficante de órganos.


Siete veces siete (Ulises Guzmán) es una enigmática historia de venganza sobrenatural en la que el protagonista roba un cadáver y lo revive para luego matarlo. La identidad del objeto de su venganza es la clave.


La cosa más preciada (Isaac Ezban), nos habla de las formas machistas de la sociedad mexicana -católica- en la que la virginidad es un valor a proteger por la mujer y el hombre se ve obligado a defender a su dama para probar su "hombría". Esta reflexión es contada utilizando un extraño relato de enanos grotescos cachondos violadores que gravita entre el terror y la comedia (chusca). Más inteligente de lo que parece.


Día de los muertos (Gigi Saul Guerrero) utiliza la sobadísima fiesta mexicana como excusa estética para contarnos una historia feminista de putas de armas tomar. Las imágenes vibran en una frecuencia que recuerda a Rob Zombie en algún momento, pero sobre todo al Robert Rodríguez más grindhouse. Mola.

CHARLIE´S FARM (CHRIS SUN, 2014) #NOCTURNA2015


Resulta paradójico que la característica más realista de unos personajes que solemos considerar los menos "humanos" -me refiero a las víctimas de una película de terror- sea la causa de sus irremediables muertes. En Charlie's Farm, los protagonistas, tras la temeridad de atreverse a pasar una noche en la escena de unos antiguos crímenes, escriben sus nombres en la pared: "yo sobreviví a la granja de Charlie". Pero la película no ha acabado. Ninguno cree que haya realmente un asesino, como ninguno de nosotros -en el mundo real- cree jamás que vaya a sufrir un accidente o una enfermedad grave. Todos pensamos, antes de coger un avión, que no se va a caer, pero yo siempre pienso que las pobres víctimas de un accidente aéreo también creyeron que no les iba a pasar nada. En un slasher, la incapacidad de las víctimas de reconocer el peligro, les condena.


Hay una razón de economía creativa que justifica que los protagonistas de una película con psycho killer no sean precisamente tridimensionales. ¿Vale la pena desarrollar a un personaje que sabemos morirá en una escena que dura unos pocos segundos? ¿Es una muerte a machetazos un final satisfactorio para el arco dramático de un personaje? Probablemente no. En Charlie's Farm pecan de alargar demasiado la peripecia de sus protagonistas antes de comenzar la matanza. El body count es más bien bajo. Pero cada muerte es brutal, divertida y visualmente impactante gracias a la pericia del director -Chris Sun- y a unos estupendos efectos especiales.


-AVISO SPOILERS-

Charlie´s Farm apuesta por la clásico y, seamos sinceros, el friki del terror es más bien conservador: quiere más de lo mismo. No hay innovación en que cuatro jóvenes -idiotas- se adentren en una granja donde han ocurrido sangrientos asesinatos para luego ser perseguidos por un asesino que los despacha uno a uno. De hecho, el casting de la película demuestra que los autores conocen bien a sus "padres". Bill Moseley repite su papel como asesino sádico y "familiar" de Masacre en Texas 2 (Tobe Hopper, 1986) y La casa de los mil cadáveres (Rob Zombie, 2003). Pero es que lo hace muy bien. Tenemos además a Kane Hodder, que ha interpretado a Jason Voorhees en cuatro películas, a partir de Viernes 13 VII: Sangre nueva (John Carl Buechler, 1988) aunque aquí hace el papel de héroe que intenta rescatar a las víctimas, pero falla. Por último tenemos a una protagonista que responde al arquetipo de la scream queen, nada menos que Tara Reid, que tras American Pie (Adam Herz, 1999) se prodiga en este tipo de producciones de Serie B, como Sharknado (Anthony C. Ferrante, 2013) y secuelas. 



Este respeto por la tradición no impide que Charlie´s Farm esté bien hecha. Consigue incluso ser muy inquietante: la escena en la que Moseley habla con su víctima atada a una cama. Además, dos elementos novedosos separan esta película del grueso de los slashers más típicos. Primero, la inclusión de una subtrama en flashbacks de los crímenes del pasado que suponen el origen de Charlie, interpretado por un gigantesco Nathan Jones al que acabamos de ver en Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015). El otro giro es que Tara Reid debe haber pensado, al comenzar a leer el guión, "soy la protagonista, soy la más famosa, seguro que al final sobrevivo". Se equivocaba.

HELLMOUTH (JOHN GEDDES, 2014) #NOCTURNA2015


Capitán Sky y el mundo del mañana (Kerry Conran, 2004) fue la primera película con decorados digitales, un experimento que se puede calificar como simpático, pero que no significó la oportunidad de una carrera cinematográfica para su director, que no ha vuelto a dirigir un largometraje. Un año más tarde, Sin City (Robert Rodríguez & Frank Miller, 2005) gozaría de un enorme éxito utilizando la misma técnica con el fin de dotar a la película de un look lo más similar posible al cómic original de Miller. Sin City es para mí en exceso estática precisamente por esa fidelidad a las viñetas. Mucho más satisfactoria me parece 300 (Zack Snyder, 2006), también basada en un cómic de Miller, también fiel a la estética de la novela gráfica, pero mucho más cinematográfica que las anteriores.


La canadiense Hellmouth  también utiliza los decorados digitales, seguramente con el fin de conseguir una atmósfera y un look muy específicos que recuerdan, en su primer tramo, a los clásicos de terror, en blanco y negro, de la Universal... mal digeridos por el entrañable Ed Wood. La estética y las imágenes de la película son su mejor baza, pero la historia que nos cuentan tiene problemas de tono y sobre todo de ritmo. Peca Hellmouth de ser excesivamente estática: al protagonista le piden que tome asiento en unas 10 ocasiones. No me queda demasiado claro qué historia quieren contar el director y su guionista, ni por qué el protagonista es capaz de viajar al "infierno" para rescatar a una mujer de la que dice estar enamorado, pero a la que apenas conoce. Demasiado abstracta y "poética", no he conseguido conectar con la propuesta de esta película. Una pena.

THE MIDNIGHT SWIM (SARAH ADINA SMITH, 2014) #NOCTURNA2015


El cine fantástico de los últimos años se ha partido en dos. Hay por un lado películas de grandes presupuestos, blockbusters que explotan sobre todo las franquicias que antes eran frikis y ahora resulta que son mainstream: los superhéroes de  Los Vengadores: La era de Ultrón (Joss Whedon, 2015); juguetes como Transformers: La era de la extinción (Michael Bay, 2007); las adaptaciones literarias estiradas como El Hobbit: La batalla de los 5 ejércitos (Peter Jackson, 2014); los remakes como El amanecer del planeta de los simios (Matt Reeves, 2014); secuelas tardías como Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015) pero también alguna propuesta "original" como Al filo del mañana (Doug Lyman, 2014). Todos estos títulos tienen en común su calidad, su elevado presupuesto y que han sido apuestas más o menos seguras. Detrás de alguno de estos films encontramos a directores que, a pesar de haber pactado con la industria, pueden ser considerados "autores".


La otra tendencia del Fantástico es justo la contraria. La ciencia ficción low cost nos ha dado alegrías tan grandes como Coherence (James Ward Byrkit, 2013), Open Windows (Nacho Vigalondo, 2014) y Predestination (Michael y Peter Spierig, 2014) por citar solo tres ejemplos recientes. La idea es que el planteamiento sea tan interesante que compense la falta de presupuesto y de efectos especiales. O que demuestre que estos deberían ser siempre secundarios. Ahora bien, creo detectar una tercera tendencia que propone utilizar como coartada el Fantástico para contarnos una historia de otro género. Se me ocurre sobre todo Seguridad no garantizada (Colin Trevorrow, 2012) una comedia romántica cuyo último plano -AVISO SPOILERS- nos obliga a incluirla en el género de la ciencia ficción. Por cierto, la película le ha servido a su director como tarjeta de presentación para ponerse a los mandos de Jurassic World (2015).


Algo parecido ocurre con The Midnight Swim, un drama de sensibilidad femenina que coquetea con el fantástico e incluso con el terror. Se vale para ello de tres personajes, tres hermanas, que se enfrentan a algo tan mundano como la decisión de qué hacer con la casa familiar tras la reciente muerte de su madre. Lo importante aquí son, sin duda, los personajes y sus relaciones, que se apoyan en unas interpretaciones solventes de las tres actrices. Ahora bien, lo que sorprende en esta película es que incluye elementos más propios de una película de horror. Primero, porque elige como forma narrativa el found footage, subgénero que relacionamos con el terror desde El proyecto de la Bruja de Blair (Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, 1999). Aquí, una de las hermanas protagonistas, June (Lindsay Burdge), graba con su cámara todo lo que ocurre. Eso ya de por sí puede resultar raro. Pero lo es más cuando June revela cierta tendencia al vouyerismo. El personaje de June es inquietante, aunque la película nunca pone -demasiado- el acento en ello. Hay además dos elementos importantes más que invitan a pensar en una historia de horror: el escenario, un lugar aislado marcado por un misterioso lago en el que se produjo una muerte y una leyenda -la de las 7 hermanas- con un trasfondo sobrenatural. Todos estos elementos se acaban difuminando en favor de otro tipo de historia, más propia de una película de cine independiente americano con aspiración autoral. Pero el final de The Midnight Swim vuelve a cambiar todo esto al introducir un claro elemento fantástico que hace recordar a otra propuesta similar en temática e intenciones, Orígenes (Mike Cahill, 2014).

PESADILLA EN ELM STREET (WES CRAVEN, 1984) #NOCTURNA2015


Dijo Robert Englund, al recibir el premio Maestro del Fantástico en Madrid, que A Nightmare on Elm Street es una película "primitiva" que sin embargo resiste el paso del tiempo como King Kong (Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933) y El Mago de Oz (Victor Fleming, 1939). Creo que no le falta razón.


Inscrita en un subgénero que nació gastado, el slasher con psycho thriller, no cabe duda de que la película de Wes Craven mantiene gran parte de las características más parodiadas de este tipo de películas: jóvenes no demasiado inteligentes -¡Johnny Depp!- interesados en el sexo, que acaban acuchillados salvajemente. En este sentido, no es demasiado diferente de Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980). Pero lo que me gusta de la saga de Freddy Krueger es que encuentra una justificación dramática para la famosa -y deliciosamente inverosímil- ubicuidad del asesino. Jason Vorhees aparecía donde no se le esperaba porque sus películas son un artefacto hecho para asustar que no atiende a una lógica narrativa que en definitiva, estorba. Pero Freddy aparece donde le da gana porque sigue las reglas de los sueños, que son, en esencia, lo más parecido al lenguaje cinematográfico. Wes Craven se da cuenta de esto y lo aprovecha para que Freddy se convierta en una figura metamórfica y omnipresente: sus brazos se estiran de forma grotesca, puede adoptar la imagen de cualquiera, aparecer en una pared, sacar la lengua por un teléfono o salir de dentro de una bañera. Craven tiene ya la intuición de lo que puede llegar a ser Freddy -en las secuelas se convierte en una especie de cartoon infernal- pero aquí probablemente le limita el presupuesto, unos efectos especiales toscos y que el director siempre se toma sus obras muy en serio. Precisamente, si en las posteriores películas de la saga resulta fácil tomarse a Freddy casi en broma, al revisar Pesadilla en Elm Street puede sorprender la crudeza de los asesinatos, que todavía no han alcanzado el nivel de retorcida imaginación de posteriores entregas.


El otro elemento que diferencia a Pesadilla en Elm Street de otras películas similares, es que es una historia sobre la culpa y la venganza. Freddy busca vengarse de los que le mataron a través de sus hijos. Esto genera una suerte de conflicto generacional que no está presente en otras películas del género, como la propia Viernes 13. Aquí, los adolescentes tienen que sufrir las consecuencias de los pecados de sus padres.

DARK WAS THE NIGHT (JACK HELLER, 2014) #NOCTURNA2015


-AVISO SPOILERS-

Dark Was the Night es para mí un sólido ejercicio de Serie B. De la de antes. De la que se tomaba en serio a sí misma. Lo que no quiere decir que no haya en la película los necesarios toques de humor. Una puesta en escena funcional, interpretaciones contenidas y sobre todo la sabiduría para saber narrar la historia de forma de efectiva haciendo del defecto -un presupuesto visiblemente limitado- una virtud.


La idea de partida es el desequilibrio. Ecológico, como sugieren los planos iniciales del prólogo, que nos muestran la tala de árboles del bosque. Místico, como asegura un descendiente de los amerindios (Nick Damici), que recuerda una vieja leyenda sobre el castigo de los dioses -el Wendigo- a los hombres blancos que no respetan sus tierras. Pero sobre todo hay un desequilibrio emocional: el sheriff, Paul Shields (Kevin Durand) ha perdido a su hijo pequeño y su ayudante, Donny (Lukas Haas), a su compañero en un tiroteo. El relato tradicional -y conservador- exige que el orden sea restablecido.


En Dark Was the Night, el héroe ha perdido su papel de protector de la comunidad -el capullo de Jim (Heath Freeman) representa la pérdida de fe de los vecinos del pueblo en su sheriff- y su papel de padre: se está divorciando tras la muerte de su hijo. El protagonista tiene entonces la oportunidad de recuperar su posición enfrentándose a un monstruo. La oscuridad interior producida por la culpa de no haber evitado la pérdida de su pequeño se convierte en algo externo y palpable que se puede abatir a tiros. Sorprendentemente, el drama emocional del sheriff resulta tan efectivo -o la paternidad me ha vuelto blando, que también- que según avanza la historia he comenzado a desear que no aparezca ningún monstruo, temiendo que se cargue el verosímil de la película. Y tenía yo razón. La mejor decisión del director es no mostrar al bicho hasta el último momento. El efecto digital de la criatura no está bien conseguido ¿Qué pasa con el látex? ¿Por qué nadie se acuerda del látex? El epílogo, con una manada de bichos escalando la iglesia que ha servido de refugio a los personajes, devuelve a la película al terreno de la Serie Bme ha dejado un excelente sabor de boca.

III (PAVEL KHVALEEV, 2015) #NOCTURNA2015


Lo mejor de III, su fotografía, es probablemente también su peor defecto. Las panorámicas aéreas, paisajísticas, contienen una gran belleza pero aportan muy poco a una historia en exceso atmosférica. No sé si tal concepto existe, pero lo cierto es que tantos planos de sembradíos, fachadas de iglesia y estepas nevadas ralentizan aún más un ritmo de por sí lento. 


-AVISO SPOILERS-

Demasiado preocupada por sus imágenes, la segunda película de este director ruso falla en diferenciar estéticamente el plano real -demasiado abstracto, sin lugar ni tiempo definido- del mundo onírico en el que se sumerge la protagonista en el último tercio del film. El viaje que hace la guapísima Ayia (Polina Davydova), al interior de la mente de su hermana, Mirra (Lyubov Ignatushko), es de largo lo más atractivo de esta película. Pero llega demasiado tarde porque antes nos han mareado con la historia de una epidemia que diezma un pueblo que de entrada parece deshabitado. Encima, la propuesta estética del mundo del inconsciente no resulta atractiva ni original como, digamos, La Celda (Tarsem Singh, 2000) o incluso cualquier entrega de Pesadilla en Elm Street. Por otro lado, los temas que intenta explorar esta película -la culpa, la resignación y la fe- están expuestos de forma burda. Una banda sonora atronadora intenta sobrecompensar unas imágenes y unas interpretaciones mas bien apagadas. El final revela que detrás de todo había un cura renegado, el padre Herman (Evgeniy Gagarin), que intenta crear una congregación de feligreses en ese universo paralelo al que se accede mediante el subconsciente. Habría sido una idea de partida interesante para una película muy diferente.

ANOTHER (JASON BOGNACKI, 2014) #NOCTURNA2015


-AVISO SPOILERS-

Una regla no escrita del Fantástico afirma que para que nos creamos la historia hay que establecer primero un entorno cotidiano con el que nos podamos identificar como espectadores. Esto nos permite aceptar la ruptura de lo "real" para adentrarnos en el terreno de lo maravilloso. Se llama suspensión de la incredulidad. En La semilla del Diablo (Roman Polanski, 1968) este mecanismo es evidente. Un matrimonio joven se muda a vivir a un edificio misterioso y aunque todo parece normal al principio, Rosemary (Mia Farrow) comienza a experimentar extraños sueños alucinatorios. La película de Polanski se apoya sobre la duda de si lo que estamos viendo ocurre objetivamente o es producto de la mente de la protagonista, afectada por miedos relacionados con la maternidad que encuentran salida por la vía de una fantasía sobre brujería y satanismo. Las imágenes que conforman la película Another parecen salidas completamente de esas escenas de pesadilla del clásico de Polanski.


El director y guionista Jason Bognacki apuesta por saltarse la coartada realista para que cada plano de su primer largometraje contenga la tensión de lo sobrenatural. En ese sentido, me atrevo a decir que el Bognacki "director" le ha comido el terreno al Bognacki "guionista". Eso no es necesariamente malo, ni mucho menos, pero sí es cierto que quizás cada secuencia de Another resulta excesivamente intensa. Bognacki hace una propuesta estilista -también se encarga de la fotografía- y su "historia" avanza únicamente gracias a tres o cuatro escenas de diálogos. Con esto, creo que no consigue aterrorizarnos en ningún momento, pero sí logra una constante sensación de inquietud. Cada plano parece perfectamente estudiado y una banda sonora de ruidos y chirridos mantiene una tensión que en algún momento puede saturar. 


Lo mejor es que, a pesar de que una propuesta estética como ésta puede resultar pretenciosa -agradece a Jess Franco y a Dario Argento en los créditos- Bognacki no se corta a la hora de utilizar elementos más lúdicos, más de género, como mostrar a sus brujas lanzando rayos por las manos. Hay además, estupendas ideas visuales, como la brutal escena en la que una bruja, la tía Ruth (Nancy Wolfe), aplasta la cabeza de una mujer poseída, Kym (Lilian Pennypacker), con una puerta que nunca vemos, utilizando el montaje. La frágil belleza de la protagonista, Jordye (Paulie Redding), y momentos malsanos que dan auténtico mal rollo, redondean una ópera prima que da pie a estar atentos a la carrera de su director.

SQMDVV: ARROW -TEMPORADA 3- MY NAME IS OLIVER QUEEN


MY NAME IS OLIVER QUEEN (13 DE MAYO DE 2015) -AVISO SPOILERS-

La mejor noticia que podría tener un auténtico fan de Arrow es que la serie se acabe. El final de la tercera temporada nos muestra que Oliver Queen (Stephen Amell) se marcha con Felicity (Emily Bett Rickards) y deja las mallas de superhéroe para vivir feliz. Genial. Pero sabemos que no es verdad. Lamentablemente hay una cuarta temporada confirmada. Peor aún, la aburrida subtrama que nos cuentan los flashbacks -estiradísima- no concluye en este episodio. Así que podemos esperar más de Oliver Queen en Octubre. Lo siento.


En este episodio vemos la muerte de Ra´s Al Ghul (Matt Nable) que ha acabado convirtiéndose en un enemigo bastante aceptable, aunque sea solo por su insistencia en hacerle la vida imposible al héroe. Llega un momento en el que pensamos que Ra´s nunca será derrotado y eso está bien. Pero lo cierto es que no vemos que The Arrow haga ningún esfuerzo especial para derrotar a su enemigo: simplemente repite una y otra vez, en tono lastimero, que es imposible vencer a Ra´s. Hasta que le mata. Así que seguimos esperando un mínimo desarrollo del personaje después de tres temporadas. En ese sentido, lo peor de Arrow es que mantiene dos tramas paralelas protagonizadas por Oliver Queen. En los flashbacks tenemos todavía al antihéroe asesino que vimos al principio de la primera temporada -en este capítulo tortura salvajemente al general Shrieve (Marc Singer)- mientras que en el presente Oliver es ya un héroe que ha decidido no matar. El problema es que el arco del personaje que vemos en los flashbacks ha acabado en la segunda temporada -me parece recordar- y por ello no tiene ningún eco en lo que nos cuentan en el presente. Además, si este final de temporada no funciona es porque se basa en que Oliver ha perdido la confianza de sus amigos -especialmente de John Diggle (David Ramsey)- y eso no resulta creíble en ningún momento. Habrá que ver cómo es el antagonista de la cuarta temporada, que aquí es introducido de la peor forma posible. Los personajes hablan de un tal "Damian Darhk" como si todo el mundo le conociese. Yo no.


Como siempre, lo mejor de cada episodio suelen ser las referencias a los cómics. En este capítulo final, por fin, se deciden a hacer algo con Thea Queen (Willa Holland), que se convierte en otra heroína enmascarada con arco y flecha. Según mis cálculos, van siete. Hay que decir que en los cómics originales, Green Arrow tiene un sidekick, un compañero adolescente, llamado Speedy. Ambos fueron creados al mismo tiempo, en 1941, siguiendo la estela del éxito de Batman y Robin. Ahora bien, la identidad secreta de Speedy era Roy Harper, interpretado en la serie por Colton Haynes. En los cómics, Speedy pasa de ser un boyscout a tener problemas con las drogas en los años 70 -como Thea en la serie- y a madurar para convertirse en Arsenal, nombre que adopta desde el principio el Roy Harper de Arrow. En la serie, Thea es llamada cariñosamente, desde el episodio piloto, "Speedy". Tres temporadas después asume el traje rojo de su exnovio, por lo que ella quería llamarse Red Arrow, nombre que en los cómics adoptó también Roy Harper. Para acabar de liar las cosas, hay otra Speedy en los tebeos, Mia Dearden, una chica huérfana que tiene un look muy similar al de Thea. Cómo le gusta a esta gente mezclar las cosas.


Volviendo al capítulo final, lo que más me ha gustado... corrijo, lo único que me ha gustado es la aparición de The Flash (Grant Gustin) para echar una mano. Lo malo es que la necesidad de que haya coherencia entre las dos series -Barry explica que está muy ocupado con Harrison Wells (Tom Cavanagh)- hace que su aparición sea poco coherente: lo mismo ocurría con la aparición de Oliver Queen en el penúltimo capítulo de la serie del velocista escarlata. Para terminar, tengo que decir que Arrow es una serie muy mala y esta tercera temporada también lo es. Pero los productores siempre dejan abierta la posibilidad de que las cosas mejoren ¿Un tono más ligero? ¿Una máscara para John Diggle? ¿La aparición de Green Lantern, héroe al que han estado haciendo guiños aquí y en The Flash? Y quizás, solo quizás, que esto por fin pase a titularse Green Arrow.

CAPÍTULO ANTERIOR: THIS IS YOUR SWORD

INDIGENOUS (ALASTAIR ORR, 2014) #NOCTURNA2015


-AVISO SPOILERS-

Indigenous, madre mía, hay que verla para creerla. Cualquiera que esté mínimamente curtido en el cine de terror sabrá que el grueso del género está compuesto de películas mediocres que responden a unas pautas argumentales muy repetitivas. Esquemas súper gastados como el de los turistas estadounidenses que se lanzan a la aventura descerebradamente y acaban despedazados. Hostel (Eli Roth, 2005) fue un éxito hace 10 años. El año siguiente vimos Turistas (John Stockwell, 2006). Dos años más tarde, una agradable variación en Las ruinas (Carter Smith, 2008). Y yo encantando. Son películas de consumo rápido, que me dan exactamente lo que busco y que hasta cierto punto considero honestas. No engañan a nadie. De vez en cuando aparece alguna joya como The Descent (Neil Marshall, 2005). Y cada década una auténtica obra mayor que cierra un ciclo y sirve de revisión a todo un subgénero, como The Cabin in the woods (Drew Goddard, 2012). Indigenous es decididamente "mala" pero no puedo evitar que me resulte simpática en su inocencia.


La película responde a los parámetros antes expuestos. Jóvenes que salen de los Estados Unidos y viajan a un lugar exótico: Panamá. Son todos muy guapos, atléticos y más bien sanos. Pero algo comienza a fallar cuando percibimos que el guionista Max Roberts intenta que estos chicos nos caigan bien. No son los típicos juerguistas que queremos ver morir. Scott (Zachary Soetenga) es un rubio repeinado que defiende a su generación denunciando las dificultades para encontrar empleo y la incertidumbre sobre su futuro. Es el discurso de cualquier chaval post-crisis, post-recortes, sí, pero que se queje estando de vacaciones en un resort no ayuda demasiado a su credibilidad. Lo cierto es que la caracterización de estos personajes no aporta demasiado. Por eso hay reglas: los que van a morir deben responder a unos arquetipos (el guapo, el gracioso, el fumeta) que nos permitan conocerlos de un solo brochazo para llegar cuanto antes a lo interesante, a sus muertes.


Por otro lado, hay que decir que Indigenous, en su prólogo, coquetea con el found footage, otro subgénero, en el que los protagonistas graban con cámaras todo lo que ocurre, incluso cuando están en peligro de muerte. Es un engaño. La película se desarrolla en tercera persona porque, en realidad, el vídeo que hemos visto al principio, grabado por el protagonista, Scott, se convierte en la variación argumental más loca que he visto en mucho tiempo. Algo así como mezclar la ya mencionada The Descent con Sex Tape. Algo pasa en la nube (Jake Kasdan, 2014). Esto convierte una película con un monstruo de Hecho en Syfy -¡El chupacabras!- en una especie de reality show completamente absurdo. Que el desenlace de una película de terror tenga un constante comentario de telediario -¡Panameño!- es, como poco, surrealista. El mejor apunte, seguramente involuntario, es cuando el personaje "salido", Trevor (Pierson Fode), se cree que el oscuro objeto de su deseo, Carmen (Laura Penuela), está viva a pesar de que no tiene cabeza. Claro, hasta entonces solo le había interesado su cuerpo.

SQMDVV: ARROW -TEMPORADA 3- THIS IS YOUR SWORD


THIS IS YOUR SWORD (6 DE MAYO DE 2015) -AVISO SPOILERS-

Los romanos lo llamaban "vastatio" dice Ra´s Al Ghul (Matt Nable) refiriéndose a la estrategia de arrasar una tierra para conquistarla. Destruirlo todo y luego empezar de cero. Es el plan que tiene la Liga de Asesinos para Starling City y, en el flashback, ARGUS para Hong Kong. Pero también es el plan del otro Ra´s Al Ghul (Liam Neeson), el de Batman Begins (Christopher Nolan, 2005); y también el plan de HYDRA para S.H.I.E.L.D en Capitán América: El Soldado de Invierno (Joe & Anthony Russo, 2014); el de La Red en Utopía (2013) y el de Valentine (Samuel L. Jackson) en Kingsman: Servicio Secreto (Matthew Vaughn, 2015). Decididamente, el miedo post 11-S a la destrucción de nuestra civilización está presente en la ficción escapista actual, incluso en una serie pueril como ArrowRa´s Al Ghul quiere, además, que Oliver se case con su hija, Nyssa Al Ghul (Katrina Law). Como para negarse. Esto ocurrió antes en los cómics de Batman, aunque se trataba entonces de Thalia Al Ghul, interpretada en El caballero oscuro: La leyenda renace (Christopher Nolan, 2012) por la guapísima Marion Cotillard.



Volviendo a Arrow, este episodio gira en torno al descubrimiento de que Oliver no se ha vuelto realmente malo. Una idiotez, ya que no creo que exista un solo espectador que se lo haya creído. Por lo menos la historia sirve para presentar a una nueva heroína, Katana, antes conocida como Tatsu (Rila Fukushima). Eso sí, su nueva identidad es pésimamente introducida, en lo que parece un guiño a los que leemos cómics... y nada más. Tatsu acaba enfrentándose a muerte con Maseo (Karl Yune) y éste es el final de la trama de los flashbacks de esta temporada. Luego, la escena en la que The Atom (Brandon Routh) combate con un caza es efectiva, pero sigo pensando en que no había necesidad de convertir a este héroe clásico de DC, en una versión nerd del Iron Man de Marvel.



Hay algo que me pregunto una y otra vez sobre esta serie, que en este episodio se hace todavía más patente. Arrow es bastante mala. ¿Qué necesidad tiene entonces de ser tan oscura y falsamente trascendente? ¿Qué necesidad hay de que todos los personajes tengas traumas y se torturen? Lo digo porque no veo que matar a un niño, Akio (Brandon Nomura), cumpla ningún objetivo narrativo. Siendo Arrow tan mediocre ¿no sería mejor que fuera divertida, luminosa y que supiera reírse de sí misma? Supongo que eso es imposible, porque entonces se convertiría en una "buena" serie.



Un doble cliffhanger cierra el capítulo: en el flashback los héroes son capturados. En la actualidad todos los compañeros de Oliver parecen morir. Ja ja ja

CAPÍTULO ANTERIOR: AL SAH-HIM

SQMDVV: ARROW -TEMPORADA 3- AL SAH-HIM


AL SAH-HIM (29 DE ABRIL DE 2015) -AVISO SPOILERS-

Oliver Queen (Stephen Amell), protagonista de Arrow, nos cae mal de todas formas. Por eso pienso que quizás es más divertido verle convertido en el villano de la serie, Al Sah-Him, que en su habitual papel de héroe. Quizás el camino a seguir es este. Oliver es el aprendiz de Ra´s al Ghul (Matt Nable) y nuevo líder de la Liga de Asesinos en la lejana Nanda Parbat. Lejana en la teoría, porque estos asesinos aparecen en Starling City al menos dos veces por episodio. Deben tener la cuenta de "avios" a tope.


De alguna manera, creo que cada vez que el héroe protagonista se ausenta, la serie gana -algún- interés. Disfruto bastante más viendo luchar a Canario Negro (Katie Cassidy) y a Nyssa Al Ghul (Katrina Law), que a los musculitos habituales. En todo caso, las escenas de acción son lo único "bueno" de Arrow. La hija de Ra´s es el personaje principal de este episodio, al convertirse en el objetivo de los asesinos de su padre. Se supone que es importante para los héroes protegerla, pero cuando estos fracasan y ella es capturada, los "malos" le perdonan la vida. Son estas decisiones de los guionistas las que evitan que nos creamos nada en la serie. Tampoco resulta creíble la transformación en villano de Oliver, por lo que los guionistas fallan -una vez más- en conseguir nuestra implicación emocional en la historia. Menos convincente todavía es esa breve secuencia en la que todos echan de menos a alguien: Felicity (Emily Bett Rickards) a Oliver; Thea (Willa Holland) a Roy Harper (Colton Haynes) y Laurel a Nyssa. La relación entre estas dos es lo mejor del capítulo: la abogada le enseña a la asesina el placer de comer patatas fritas mojadas en un batido de chocolate. Calorías para esos cuerpazos.


Por último, los flashbacks me siguen pareciendo tan poco interesantes como siempre. En el cliffhanger, Ra´s desvela su plan para Starling City, muy similar al del otro Ra´s al Ghul (Liam Neeson) en Batman Begins (Christopher Nolan, 2005) para Gotham.

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WAYWARD PINES -DO NOT DISCUSS YOUR LIFE BEFORE-


DO NOT DISCUSS YOUR LIFE BEFORE (21 DE MAYO DE 2015) -AVISO SPOILERS-

El segundo capítulo de Wayward Pines profundiza en el tejido social del extraño pueblo en el que el agente Ethan Burke (Matt Dillon) se encuentra atrapado. El protagonista entra en conocimiento de unas reglas que evidencian que está ante una especie de juego. La primera ya la ha experimentado por sí mismo: no se puede salir del pueblo. La segunda exige no hablar del pasado. La tercera da título al episodio: "No hables de tu vida anterior".


¿Habéis jugado una aventura gráfica de ordenador de los años 80? La mayoría eran muy entretenidas, pero yo siempre encontré en ellas un trasfondo inquietante. En una aventura de este tipo hay que interactuar con PNJ´s (personajes no jugador) que tenían un escueto guión que hacía las veces de rudimentaria inteligencia artificial. Si hacíamos las preguntas correctas estos personajes proporcionaban la información que necesitábamos e incluso una divertida -aunque guionizada- conversación. Pero si hacíamos las preguntas equivocadas o nos salíamos del guión, estos personajes quedaban al descubierto en su inquietante naturaleza de toscas parodias de la vida humana. Esta es la sensación que da Ethan cuando busca respuestas, sólo que él sabe que los demás esconden algo. Por cierto, otro elemento clave para resolver una aventura gráfica era hacer un mapa para poder guiarse, exactamente la pista que encuentra el agente en el cuerpo de su compañero asesinado, Bill Evans.


Lo más interesante del episodio es la lectura que se puede hacer sobre nuestra propia sociedad. Todos fingimos. Todos mentimos. Todos jugamos para mantener una -falsa- imagen de felicidad. Transigimos. Ethan, con su aspecto desaliñado, la cara llena de moratones y una infidelidad en su pasado, choca constantemente con los aparentemente felices habitantes de la perfecta Wayward Pines. En ese sentido, me parece muy inteligente que la escena clave del episodio sea una cita para cenar entre dos parejas. Los cuatro implicados se ven obligados a fingir que se lo están pasando bien. Como la vida misma.


Hay tres tipos de habitantes en Wayward Pines. Primero están los "carceleros", los que parecen saber de qué va todo y podrían tener la obligación de mantener el orden, como la enfermera Pam (Melissa Leo), el sheriff Pope (Terrence Howard) y el Doctor Jenkins (Toby Jones). A este último le hemos visto fuera del pueblo, hablando con el compañero de Ethan, Adam (Tim Griffin) y en esa conversación debe estar la clave de todo. Luego están los "prisioneros" como el propio Ethan o Beverly (Juliette Lewis), que intentan escapar. Pero además, descubrimos en este episodio a una mayoría que parece saber dónde vive, o al menos acepta las reglas, y aparentemente apoya a los carceleros. Estas personas se activan gracias a la última regla de Wayward Pines: si suena un teléfono, debes cogerlo. Una norma que se revela aterradora cuando Ethan y Beverly intentan escapar y todos los teléfonos comienzan a sonar al mismo tiempo. Hay en esta secuencia un elemento paranoico que parece sacado del clásico La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956). Tras la persecución, Beverly es ejecutada salvajemente en la plaza del pueblo, una muerte violenta que me hace recordar a un cómic -anterior a las novelas de Blake Crouch en las que se basa esta serie- titulado Morning Glories (2010) que decididamente tiene el mismo tono de misterio post Perdidos (2004-2010). 


Donde no acaba de acertar esta serie, creo yo, es en su ritmo. Demasiado apresurado para una historia que pide más pausa para crear tensión. El descubrimiento de que todos llevan microchips injertados es un buen ejemplo. En apenas dos secuencias Beverly ha revelado esto a Ethan y enseguida le vemos extraerlo de su pierna. Demasiado rápido para un elemento que luego es importante en el argumento de este episodio. La compresión de la historia no juega a favor de la serie, que depende en gran parte de crear dudas e incertidumbres en la mente del espectador. Las supuestas alucinaciones que podría estar sufriendo Ethan no dan juego porque las interrogantes se resuelven casi enseguida. Por ejemplo, la aparentemente imposible visión que tiene el protagonista de su mujer (Shannyn Sossamon) y su hijo (Charlie Tahan) en el hospital de Wayward Pines se demuestra real casi enseguida, cuando Beverly expone que el tiempo en el pueblo pasa más lentamente -ella cree que lleva un año atrapada, pero lo está desde el año 2000- que en el mundo exterior.

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