Y DE REPENTE TÚ (JUDD APATOW, 2015)


En los minutos finales de El apartamento (Billy Wilder, 1960), Fran Kubelik (Shirley MacLaine) corre por las calles de Nueva York hasta el inmueble que da título a la película. Acaba de descubrir que, en realidad, debería estar enamorada de un perdedor como C.C. Baxter (Jack Lemon) y no de su poderoso jefe. Esa carrera en busca del amor verdadero ha estado presente en los terceros actos de innumerables películas. Y de repente tú cumple con esa exigencia genérica. Su protagonista, Amy (Amy Schumer), corre también por las calles de la misma ciudad. Pero en todo lo demás, esta película es el reverso de una comedia romántica.


Precisamente, es la personalidad de la protagonista la que marca el tono. Amy Schumer -también guionista- resulta tan arrolladora como el título original de su obra: Trainwreck. Como ya he dicho, Schumer escribe una historia que, estructuralmente, es como cualquier comedia romántica: una chica conoce al chico perfecto, lo pierde y luego lo recupera. ¡Corre hacia él! Esa es precisamente la única pega de esta película, que el corsé conservador de esa estructura anula cualquier intención transgresora. Pero también es verdad que el personaje de Amy no tiene nada que ver con la pureza inocente de la Vivian Ward (Julia Roberts) de Pretty Woman (Garry Marshall, 1990). Tampoco tiene Amy la sonrisa de Julia. Mucho menos encaja el personaje de Amy en el arquetipo de la Manic Pixie Dream Girl, del que Fran Kubelik puede ser el primer ejemplo, pasando por la Summer (Zooey Deschanel) de 500 días juntos (Marc Webb, 2009) y hasta nuestra María de las Montañas (Leticia Dolera) en Requisitos para ser una persona normal (Leticia Dolera, 2015). Amy no aparece en la vida de Aaron (Bill Hader) para sacarle de una existencia gris: todo lo contrario, le mete en un montón de problemas. Amy tiene algo de sobrepeso -como Bridget Jones (Renée Zelwegger)- no es guapa y es un absoluto desastre: inmadura, promiscua, alcohólica y aficionada a los porros. Amy es la versión femenina de un personaje -masculino- de las películas del productor y director Judd Apatow.


En la filmografía de Apatow encontramos siempre a personajes infantiles -peterpanescos- e irresponsables que sufren el trance de tener que madurar: desde el Seth Rogen de Lío embarazoso (2007) al Paul Rudd de su secuela, This is 40 (2012). Amy es uno más de estos protagonistas, con la novedad de que es una mujer. Lo curioso es que Apatow ha sido acusado alguna vez de misógino, cosa que, al menos yo, encuentro absurda. En su defensa, solo decir que Amy Schumer es el último talento femenino que Apatow acoge bajo su ala. Recordemos también a la Kristen Wigg de La boda de mi mejor amiga (Paul Feig, 2011) y sobre todo a la Lena Dunham de Girls (2012).


Volviendo a los héroes de Apatow, su comportamiento inmaduro se manifestaba en la forma de cierta sensación de fracaso vital: desempleo, sobrepeso y pequeños vicios poco saludables. Todo esto en el marco de una historia casi costumbrista. Pero Amy Schumer aporta a esto algo diferente: un comportamiento infantil que ha sido un recurso clásico de la comedia. Desde Groucho Marx a Ace Ventura, un detective diferente (Tom Shadyac, 1994) pasando por Bugs Bunny y sin olvidar la regresión del doctor Barnaby Fulton (Cary Grant) en Me siento rejuvenecer (Howard Hawks, 1952). Esta actitud infantil se manifiesta en un saludable desafío a las normas sociales y a lo políticamente correcto. Amy se comporta siempre de forma grosera, insensible y burlona: sigue el modelo del personaje más entrañable de la película, su padre, Gordon (Colin Quin). Ese comportamiento irreverente lleva al personaje al extremo, casi, de romper la cuarta pared. Nunca lo hace. Amy se comporta como el Peter Venkman (Bill Murray) de Los Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984), como si el personaje supiera que está en una película, mientras el resto actúa como si aquello fuera la "vida real". Y esto, para mí, es lo mejor de Y de repente tú.


Conocemos el estilo expansivo de Judd Apatow. Sus películas suelen ser muy largas -para ser comedias- ya que permite que sus actores improvisen. En este caso, me huelo que esos momentos espontáneos aportan los apuntes más brillantes, precisamente cuando la protagonista se comporta como una cría: las caras que pone cuando describe el sexo con Aaron o su falta de seriedad cuando le colocan en el cuerpo unos sensores de movimiento. Para que todo esto tenga gracia, hace falta que alguien adopte el papel de "serio". Resulta curiosa la elección de un cómico genial como Bill Hader para un personaje como el de Aaron, cortado utilizando el patrón del hombre ideal, de un Richard Gere, para entendernos. Aaron incluso tiene al clásico amigo-consejero-graciosillo en ¡LeBron James! (Apatow mete con calzador su muy masculino frikismo deportivo). Pero, por suerte, a pesar de su sacrificio, Bill Hader tiene también la oportunidad de demostrar su talento en lo que seguramente es otra improvisación: cuando Amy le enseña a hacer el gesto de "pedir la cuenta" en un restaurante. No hace falta gritar "¡La cuenta!" al mismo tiempo.

CUATRO FANTÁSTICOS (JOSH TRANK, 2015)


En 1994, Roger Corman -director de cine (de culto) de películas de bajo presupuesto- produjo la primera adaptación -en imagen real- de Los 4 Fantásticos (Oley Sassone). Si no la habéis visto, es porque nunca fue estrenada en las salas de cine, ni en vídeo doméstico. La razón es que la película se hizo simplemente para retener los derechos sobre los personajes de Marvel Cómics. El film, que solo se puede calificar como "cutre" -aunque tenga su gracia- existe únicamente como una copia pirata en Internet. Corman fabricó rápidamente un film desvergonzado, en el que La Cosa (Carl Ciarfialio) parecía un personaje de Las Tortugas Ninja (Steve Barron, 1990). La anécdota viene a cuento porque, según se puede leer en Internet, 20th Century Fox debe producir una película sobre estos superhéroes cada 7 años para retener los derechos de explotación. Recordemos que, la fallida, Los 4 fantásticos y Silver Surfer (Tim Story) fue estrenada por Fox en el año 2007.


No quiero decir con esto, ni mucho menos, que Cuatro fantásticos haya sido estrenada con el único fin de evitar la pérdida de dichos derechos sobre los personajes. Pero está claro que la película tiene graves fallos que por alguna razón no se han solventado. Cuatro fantásticos se ha convertido en un fenómeno debido a las malas críticas que ha recibido: un 3,9 de media en la web IMDB; es la película sobre un personaje Marvel peor considerada; y se ha pegado un batacazo terrible en la taquilla. Vale. Pero ¿realmente es tan mala? Yo creo que no. En todo caso, decir que esta película -cualquier película- es "mala", "terrible" o "una mierda" no lleva a nada. Yo rescataría de Cuatro fantásticos una mirada. La de su director, Josh Trank, quizás. Una mirada, una visión, que probablemente no llegó a cumplirse, por lo que podemos juzgarla solo parcialmente. Pero, para mí, ese intento coloca a esta por encima de Los 4 fantásticos (2005) de Tim Story y de su ya mencionada secuela. Dos films cuyos únicos elementos estimables son una cierta inocencia que podría remitirnos a los cómics de los años sesenta y una adorable Jessica Alba. Uno tiene sus debilidades. Por cierto, para aquellas películas se barajó el nombre de Peyton Reed, director de la reciente -y estupenda- Ant-Man (2015). Solo podemos soñar con lo que podría haber sido aquello. Por cierto, a Chris Evan le ha ido mucho mejor como el Capitán América que de Antorcha Humana.


Hay que hablar, además, del famoso conflicto empresarial entre Marvel Studios -productora de, por ejemplo, Vengadores: La era de Ultrón (Joss Whedon, 2015)- y Fox -responsable de X-Men: Días del futuro pasado (Bryan Singer, 2014)-. Para algunos, Marvel sabotea a Fox -la editorial ha retirado los cómics sobre Los 4 Fantásticos- con el fin hacerse de nuevo con los derechos de los que son sus propios personajes. Algo parecido ha ocurrido con Sony, que ha acabado devolviendo a Spiderman, tras 5 películas, a Marvel. Por último, hay que decir que el director de Cuatro Fantásticos, Josh Trank, no ha salido bien parado de un rodaje en el que se le calificó de ser -supuestamente- problemático. Dicho conflicto ocasionó además su despido del proyecto de una nueva película de Star Wars -Rogue One- una franquicia, recordemos, propiedad de Disney, igual que Marvel. ¿Deben todos estos elementos modificar nuestra opinión sobre una película? No. Pero en este caso pueden arrojar luz sobre lo que falla en el film.


Cuatro Fantásticos de Josh Trank tiene un inicio prometedor. Casi genial. Nos muestra la infancia de los protagonistas -Reed Richards (Miles Teller) y Ben Grimm (Jamie Bell)- cambiando así la versión clásica de los personajes -en los tebeos se conocen en la universidad- para introducirlos de una manera más efectiva, sobre todo emocionalmente. Este prólogo tiene un tono "Amblin" verdaderamente estupendo. Y este primer cambio demuestra esa visión que he mencionado antes, sobre los personajes. Una intención -valiente- de modificar elementos de la historia clásica, pero manteniendo la esencia de los mismos. Los guionistas -Slater, Kinberg y el propio Trank- se permiten reinventar sin traicionar. Ahí está el espíritu explorador de Reed; la lealtad de Ben; y el ímpetu de Johnny Storm (Michael B. Jordan) uno de los personajes que más cambia con respecto a su contrapartida en el papel. Poco importa que Reed Richards no tenga en la película 10 o 15 años más que Sue (Kate Mara) como ocurre en los cómics. Los escritores trasladan -acertadamente- esa figura paternal a un personaje -prácticamente- de nuevo cuño, Franklin Storm (Reg E. Cathey), que cumple con el papel de una forma mucho más natural y coherente. Porque lo que se mantiene intacto del cómic a la película es que estos personajes forman una familia.


Ahora bien, hay que decir que Trank había conseguido respetar a los personajes y, al mismo tiempo, llevárselos a su terreno. Cuatro fantásticos tiene ecos de la prometedora Chronicle (2012) -escrita por Max Landis, otro elemento de la polémica del fracaso de esta película- recuperando de aquella temas como la angustia adolescente y la percepción de los superpoderes como una maldición: temas, por otro lado, puramente marvelianos. Chronicle es una -recomendable- película de superhéroes en clave de found footage en la que parecemos asistir al reverso del Peter Parker que se convierte en Spiderman: Andrew (Dane DeHaan), en lugar de transformarse en héroe, acaba siendo un supervillano que recuerda al Tetsuo de Akira (Katsuhiro Otomo, 1988). Curiosamente, Dane DeHaan sería luego el Duende Verde en otra cinta fallida: The Amazing Spiderman 2: El poder de Electro (Marc Web, 2014). En Cuatro Fantásticos, el mismo rol de antagonista que podría haber sido héroe, recae en Victor Von Doom (Toby Kebbel), un tiránico dictador europeo en el cómic, aquí un resentido joven que ama en secreto a Sue.


Todas estas decisiones creativas son, en principio, tremendamente acertadas. Pero hay una más: la sorprendente contención de la historia que nos cuentan en los dos primeros actos de la película. Los primeros 60 minutos del film se centran en los personajes y en un relato de ciencia ficción sobria, alejada del tono alegre y colorido de una película de superhéroes cósmicos. Casi todo ocurre dentro de los laboratorios del edificio Baxter. Esta primera parte de la película contiene secuencias notables como el ya mencionado prólogo sobre la infancia de los personajes, o el estupendo tratamiento de película de terror utilizado cuando los protagonistas descubren sus superpoderes. El problema de Cuatro fantásticos comienza, precisamente, después, cuando irrumpe "lo maravilloso".


El guionista Stan Lee y el dibujante Jack Kirby forman una de las parejas artísticas más importantes de la cultura popular. Y su obra cumbre es, sin duda, Los Cuatro Fantásticos, creados en 1961. Se trata de una obra maestra del cómic de superhéroes, de aventuras, de ciencia ficción, que durante más de 100 entregas proponía conceptos originales en casi cada número, en lo que parecía una fuente inagotable de imaginación desbordada. Lee y Kirby crearon mundos maravillosos, civilizaciones extraterrestres y personajes originales de todo tipo. Si tenemos esto en cuenta, la dimensión a la que acceden los protagonistas en la película resulta decepcionante, porque se trata de un simple paisaje rocoso incapaz de estimular nuestra fantasía. Hay en este film una alarmante pobreza de medios que se hace evidente en la mala calidad de los efectos especiales. El tercer acto de Cuatro fantásticos es apresurado y mecánico, tanto en la solución del desarrollo de los personajes, como en la batalla contra el enemigo que debería ser el clímax -espectacular- en una película de este tipo. Algo ha fallado en este film -elegid alguno de los problemas esgrimidos arriba- que ha provocado un evidente desequilibrio entre un inicio emocionante y un final abrupto, decepcionante. El diálogo final, en el que los protagonistas eligen el nombre de guerra del cuarteto, es especialmente pobre. Creo que es ese mal sabor de boca final el que ha ocasionado sin duda que la película sea el blanco de los odios de espectadores y críticos.

BATES MOTEL -TEMPORADA 1- MIDNIGHT



MIDNIGHT (20 DE MAYO DE 2015) -AVISO SPOILERS- 

El final de la primera temporada de Bates Motel deja claro que el peso dramático de la serie recae en Norma Louise Bates, la madre del asesino de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), interpretada por una brillante Vera Farmiga. La decisión es interesante, aunque personalmente habría preferido un interés mayor en Norman Bates (Freddie Highmore). En este capítulo, una gran cantidad de dinero es el motor del conflicto que hace temer por su vida a Norma. Recordemos que en el clásico de Hitchock también había dinero implicado: el que robaba Marion Crane (Janet Leigh). Pero creo que en aquella película ese dinero era el clásico McGuffin del maestro del suspense, un elemento argumental que en realidad no tiene ninguna importancia, pero que sirve para mantener el interés del espectador y que la trama avance. Aquel dinero robado solo era una excusa para que Marion acabe hospedándose en el motel Bates. ¿Y en la serie? Pues el dinero que quiere recuperar el peligroso Jake Abernathy (Jere Burns) es un concepto mucho más abstracto -no sabíamos nada de su existencia hasta ahora- y solo sirve para poner en peligro la vida de Norma. Esa amenaza de muerte es el catalizador que nos permite descubrir cosas de su pasado: los abusos infantiles que -supuestamente- sufrió por parte de su hermano, la existencia de un padre violento. Pero Norma, madre dominante y castradora, decide confesar estos traumas a Norman justo antes de que este asista a un baile de su instituto. ¿Quiere Norma estropearle a su hijo su cita con Emma (Olivia Cooke)? ¿O realmente teme por su vida y por ello siente la urgencia de confesarse con alguien? Aunque esta subtrama me interese menos, hay que admitir el buen trabajo de Farmiga, especialmente destacable en escenas como la que comparte con Dylan (Max Thieriot). Éste le enseña a disparar con una pistola y durante la lección se le escapa un "mamá" -Dylan suele llamarla "Norma"- que enternece a su progenitora. Farmiga nos muestra la vulnerabilidad de su personaje, pero enseguida cambia de registro para mostrarse eufórica cuando da en el blanco con la pistola, demostrando la inestabilidad de Norma. 


El baile de fin de curso podría haber sido mucho más jugoso para un personaje como el adolescente Norman Bates. Quizás los guionistas han evitado utilizar un evento que hemos visto en cientos de películas -y series- estadounidenses, empezando por Carrie (Brian De Palma, 1976). Norman asiste acompañado de Emma y debería ser feliz. Pero quizás por lo que le ha contado su madre, o por su propia psicopatía latente, o porque es un perdedor peterparkeriano, no puede evitar mirar fijamente a Bradley (Nicola Peltz). Norman soporta humillaciones como haber visto a Bradley ligando con su propio hermano, Dylan; o que el "novio" de esta le pegue acusándole absurdamente de acosador. Todo esto lo vemos sin percibir cómo afectan a Norman estos agravios. Pero quizás precipitan lo que llevamos esperando durante 10 capítulos.



La resolución del episodio reincide en los puntos más débiles de la serie. Norma se presenta -sin demasiada justificación- a la cita con Abernathy pero se convierte en espectadora de lo que ocurre entre éste y el sheriff Alex Romero (Nestor Carbonell). La escena se desarrolla con un tono casi humorístico por la ridícula situación de Norma, parapetada tras unas cajas y apuntando torpemente con su pistola. Romero hace creer a Abernathy que podrá continuar con su negocio de trata de blancas en el pueblo -un truco de los guionistas para engañarnos- pero acaba matándole a tiros. Por alguna razón, que Romero se tome la justicia por su mano, tranquiliza a Norma. Mientras tanto, Norman huye del baile bajo la lluvia y es rescatado por su profesora, la señorita Watson (Keegan Connor Tracy), que inexplicablemente le lleva a su casa, le cura y luego se cambia de ropa en su presencia. ¿O estamos ante otra fantasía de Norman? Lo cierto es que, tras un falso final feliz, el predecible cliffhanger revela que Watson es, por fin, la primera víctima de Norman. Esto debería cambiar, y mejorar, lo que nos cuenta esta serie en su segunda temporada.

BATES MOTEL -TEMPORADA 1- UNDERWATER



UNDERWATER (13 DE MAYO DE 2015) -AVISO SPOILERS-

Un sueño en el que Norman (Freddie Highmore) intenta ahogar a Bradley (Nicola Peltz) me hace abrigar esperanzas de que Bates Motel podría centrarse en lo que quiero ver: la juventud del asesino psicópata más famoso del cine. La forma casual en la que Norman comenta ese sueño con su hermano Dylan (Max Thieriot) o la reacción de este -y de su madre, Norma (Verga Farmiga)- a cómo Norman se pasea con su perro disecado, apuntan hacia lo que me gustaría ver en esta serie. Pero los guionistas prefieren centrarse en asuntos -para mí- menos interesantes: el acoso de Jake Abernathy (Jere Burns) a Norma; una posible relación sentimental entre Dylan (Max Thieriot) y Bradley; o que Emma (Olivia Cooke) se ligue a un porrero y se coma una magdalena de marihuana. Todo esto me parece relativamente aburrido. En cambio, se desperdician apuntes de interés como la capacidad literaria de Norman, que saca belleza de su oscuridad interior, o una posible relación con su profesora, la señorita Watson (Keegan Connor Tracy), que podría ser la antagonista perfecta para Norma. Una pena que todo esto se nos cuente muy por encima. Lo mejor: la inquietante imagen de Norma y Norman durmiendo juntos en la misma cama.

FEAR THE WALKING DEAD -TEMPORADA 1- PILOTO


PILOTO (24 DE AGOSTO DE 2015) -AVISO SPOILERS-

En el episodio A Muddy Road de la serie Fargo (2014), el asesino nihilista Lorne Malvo (Billy Bob Thornton) afirma que los zombies no harían del mundo un lugar peor. Malvo quiere decir que, para él, los que le rodean se comportan ya como muertos vivientes. El personaje hace explícita la metáfora de la mayoría de las películas del género zombie. Esta metáfora es muy clara en la comedia Zombies Party (Edgar Wright, 2004), en la que su héroe, Shaun (Simon Pegg), no nota ninguna diferencia en su vida cotidiana tras el Apocalipsis zombie... hasta que alguien intenta morderle. El origen de todo esto es sin duda la película Zombi. El regreso de los muertos vivientes (1978), obra en la que George A. Romero critica nuestra devoradora y descerebrada sociedad de consumo haciendo que sus protagonistas se protejan de los zombies en un centro comercial.


El primer capítulo de Fear the Walking Dead intenta sorprendernos con una secuencia que es el reverso de la que daba inicio a su serie madre, The Walking Dead (2010). Si en aquella, Rick Grimes (Andrew Lincoln) despertaba de un coma para descubrir un mundo devastado, ahora Nick Clark (Frank Dillane) despierta tras un chute de heroína, se topa con un zombie y nosotros descubrimos que el mundo sigue siendo el que conocemos. La estrategia narrativa a partir de este inicio es introducir a los personajes y dar a conocer ese mundo que están a punto de perder. Pero la sociedad que dibuja Fear the Walking Dead no se nos presenta en forma de comentario crítico a nuestro estilo de vida occidental -consumista, capitalista, manipulado por los medios- sino en clave moralista: hemos perdido nuestros valores, por lo tanto la epidemia zombie parece un castigo divino, una plaga. El Apocalipsis bíblico. Este mensaje -conservador- parece evidente por la elección del lugar en el que aparece el primer muerto viviente -Gloria (Lexi Johnson)- una iglesia abandonada. Hemos perdido la fe.


Si The Walking Dead es una historia de supervivencia en la que los protagonistas luchan por recuperar la idea de una comunidad social humana en un escenario postapocalíptico, Fear the Walking Dead es nuestra sociedad actual justo antes de su desintegración tras la aparición de ese primer muerto viviente, el paciente cero. Ahora bien, esa descomposición del tejido social en la ficción estadounidense suele expresarse a través de la familia -pilar básico de la sociedad- y aquí nos presentan dos hogares rotos con hijos adolescentes díscolos. Esas familias desestructuradas son el primer indicio de la pérdida de valores que he señalado antes. El segundo es la falta de confianza de los personajes adultos en los jóvenes: es decir, en el futuro.


Madison (Kim Dickens) y Travis (Cliff Curtis) son profesores, educadores, incapaces de controlar a sus propios hijos. Ya hemos visto a Nick, un joven descarriado que ha acabado siendo un yonqui -otra metáfora del muerto viviente- en el que su madre no confía. Madison tampoco cree al joven Tobias (Lincoln A. Castellanos) un friki conspiranoico que le advierte sin éxito de lo que se avecina. Tobias dice la verdad, aunque Madison no le escuche, como demuestra un pequeño hallazgo de guión para expresar la honestidad del muchacho: devuelve los 22 céntimos que la profesora le había dejado. Antes hemos visto que los alumnos del instituto deben pasar por un arco de seguridad. Todos son sospechosos de llevar armas, pero Tobias ocultaba un cuchillo para defenderse de los zombies. Por último, tanto Madison como Travis sí confían en el aspecto aparentemente impecable de otro joven, Calvin (Keith Powers), que resulta ser un camello, un asesino y el primer zombie que ven los protagonistas. Que Madison y Travis se dejen engañar tan fácilmente por Calvin implica una brecha generacional que puede ser un tema fundamental en esta serie. 


La ausencia de confianza entre adultos y jóvenes se intuye, además, como la causa del desastre. Nadie cree las advertencias de Nick o Tobias, pero, además, las autoridades gubernamentales ocultan -censuran- la información sobre la epidemia, que no llega a los medios ni a la opinión pública. Uno de los mejores apuntes del episodio piloto es, precisamente, como la verdad se filtra a la población civil. Porque lo hace justamente gracias a los jóvenes, que a través de teléfonos móviles y redes sociales convierten en viral -como la propia epidemia zombie- un vídeo que demuestra la existencia de los muertos vivientes. Se trata de un vídeo en el que los cuerpos policiales apalean y tirotean a un zombie. Un vídeo que recuerda a imágenes muy conocidas -y reales- de brutalidad y represión policial en Estados Unidos: sobre todo a las de la paliza que sufrió el taxista afroamericano Rodney King, que fueron grabadas por un videoaficionado y difundidas por los informativos. Aquello provocó los conocidos disturbios -raciales- de 1992 en Los Angeles. Recordemos que el escenario de esta serie es precisamente esta ciudad californiana. El vídeo que ven los personajes, podría, de hecho, iniciar protestas que suelen acabar en revueltas y enfrentamientos con los antidisturbios. Así, la figura del zombie podría ser aquí -de nuevo- una metáfora de los marginados, como lo era de los inmigrantes en La tierra de los muertos vivientes (George A. Romero, 2005).


Lo mejor de la primera entrega de Fear the Walking Dead es su tono crepuscular. Alicia (Alycia Debnam-Carey) sueña con un futuro que no llegará. Travis da una lección a sus alumnos sobre supervivencia a través del estudio de la obra de Jack London. La respiración -asistida- del anciano ingresado en el mismo hospital que Nick, que recuerda a los quejidos del muerto viviente en el que está a punto de convertirse. Porque esta serie aclara que la muerte es el primer paso necesario para convertirse en zombie y no la mordida de un contagiado. Así, Gloria habría muerto de sobredosis; el anciano de causas naturales en el hospital; el zombie apaleado en un accidente de tráfico y Calvin tras el disparo accidental de Nick. Con la transformación de éste acaba el episodio piloto de Fear the Walking Dead. Un final que eleva a la categoría de cliffhanger el descubrimiento, por parte de los protagonistas, del primer zombie. Un suceso que era pura rutina en The Walking Dead.

BATES MOTEL -TEMPORADA 1- A BOY AND HIS DOG


A BOY AND HIS DOG (6 DE MAYO DE 2013) -AVISO SPOILERS-

Un chico y su perro es un episodio anodino de Bates Motel con un amargo sabor: el de lo que podría haber sido. El título hace referencia a la nueva afición de Norman Bates (Freddie Highmore): la taxidermia. Creo que la idea tiene grandes posibilidades, sobre todo en el terreno del humor negro, que son lamentablemente desaprovechadas. Los guionistas apuestan aquí por darle el protagonismo a Norma (Vera Farmiga) y esto tiene una justificación: la actriz se sale. Consigue despertar nuestra simpatía, tiene una vis cómica que se agradece y al mismo tiempo puede resultar inquietante como la madre castradora que Norman necesita para convertirse en el asesino que esperamos que sea en el futuro. Sin embargo, la trama del huésped de la habitación número 9, Jake Abernathy (Jere Burns), que deriva de la historia de trata de blancas de episodios anteriores, no resulta interesante, ni inquietante. Que Norma persiga a Abernathy tiene poca justificación. Por otro lado, la subtrama protagonizada por Dylan (Max Thieriot), si bien resulta entretenida, tiene poca relación con la historia principal. Está de relleno. Los guionistas tampoco desarrollan demasiado que en el instituto de Norman se revele -gracias al chivatazo de Emma (Olivia Cooke)- que mantuvo relaciones sexuales con la guapa Bradley (Nicola Peltz). Las posibilidades de ver al futuro asesino psicópata Norman Bates interactuando con adolescentes idiotas habría dado mucho de sí. Creo yo. Pero aquí solo da pie a que Norman sea enviado al psicólogo. Otra idea genial desperdiciada. La sesión de terapia solo sirve, de nuevo, para el lucimiento de Vera Farmiga. Como suele ocurrir en estas series, dejan lo mejor para el final -para mantenernos enganchados-: el cadáver del ayudante del sheriff, Zack Shelby (Mike Vogel) aparece en la cama de Norma. ¿Ha utilizado Norman por primera vez sus recién adquiridos conocimientos de taxidermia? Eso me encantaría. Pero probablemente haya sido Abernathy. Bostezo.

BATES MOTEL -TEMPORADA 1- THE MAN IN NUMBER 9


THE MAN IN NUMBER 9 (29 DE ABRIL DE 2013) -AVISO SPOILERS-

¿Es un corazón roto la razón por la que Norman Bates (Freddie Highmore) acabará dedicándose a asesinar rubias? Lo más destacable de este episodio es el momento en el que Norman confirma que realmente perdió su virginidad con Bradley (Nicola Peltz), que aquello no fue una fantasía sexual producto de su mente enferma, pero que lo que sí se ha imaginado es que podría haber algo más entre ellos. Bradley se aprovechó de un joven inocente, romántico, que se hizo ilusiones con una chica que solo buscaba consolarse y que de repente se acuerda de que "tiene novio". Era la oportunidad perfecta para el primer asesinato de Norman: habría sido coherente que perdiera también con Bradley su "virginidad" como asesino en serie. De hecho, vemos a Norman "hablando" con su madre delante de esta posible primera víctima, pero un gesto de arrepentimiento de la chica rescata lo que todavía hay de bueno en Norman. Justo después, muere el perro del chaval, que un guionista retorcido intentaba convertir en una metáfora de la propia Bradley. Pero la escena solo sirve para descubrir que su futura afición por la taxidermia estaría inspirada por el padre de Emma (Olivia Cooke). Todo está muy bien, pero el resto del episodio se centra demasiado en otros personajes. Antes, se han ocupado de cerrar la trama que giraba en torno a Keith Summers (W. Earl Brown) y al ayudante del sheriff, Zack Shelby (Mike Vogel). Se establece el nuevo status quo familiar en el que Dylan (Max Thieriot) no acaba de integrarse. Nos presentan, además, una pequeña subtrama, casi humorística, en la que Emma y Norma (Vera Farmiga) se dedican a cotillear la vida amorosa de Norman. No está del todo mal, pero lo dicho, nos desvía de Norman Bates. Por último, se introduce lo que será el nuevo ciclo argumental de los siguientes capítulos. El hombre de la habitación número 9, sin embargo, no parece demasiado interesante.

BATES MOTEL -TEMPORADA 1- THE TRUTH


THE TRUTH (22 DE ABRIL DE 2013) -AVISO SPOILERS-

Hay dos problemas con el episodio titulado La verdad. El primero, es mío. No veo la necesidad de desvelar el enigma de la ficción a mitad de temporada. Wayward Pines (2015) utilizó la misma estrategia un par de años más tarde, con resultados no demasiado satisfactorios. El segundo problema, creo, es mucho más importante. Lo que se revela aquí está más que sabido. Sospechábamos que Norman Bates (Freddie Highmore) había matado a su padre y si lo pensáis bien, sabemos que el chaval es un psicópata desde 1960. Lo que revela este sexto episodio de la primera temporada de Bates Motel es que los guionistas han jugado a hacernos creer que Norma Bates (Vera Farmiga) podría haber sido la asesina de su marido. Para ello, nos lanzaron en el primer episodio el cebo del asesinato -tras una violación- de Keith Summers (W. Earl Brown). Lo cierto es que la idea de una madre homicida cuyo hijo se convierte luego en un asesino en serie no es nueva. En Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980), descubrimos que el misterioso asesino es la señora Voorhees (Betsy Palmer), que ha estado matando a jóvenes -entre ellos a Kevin Bacon- en el campamento Crystal Lake para vengar el ahogamiento de su hijo Jason (Ari Lehman). Curiosamente, Viernes 13 es Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) a la inversa. En la segunda entrega de la larguísima serie, Jason Voorhees (Warrington Gillette) asume el protagonismo y mantiene una relación con el cadáver de su madre claramente inspirada en el clásico de Hitchcock. Hay que mencionar, además, que el tema musical de Viernes 13 es una derivación de la obra maestra de Bernard Herrmann. Volviendo a Bates Motel, creo que la idea de vendernos el misterio de si el verdadero asesino es Norman o su madre tiene que ver con la falta de riesgo de la serie. En lugar de apostar por un tratamiento más oscuro y profundizar en los personajes, los productores apuestan por la supuesta fórmula del éxito: los giros y las sorpresas. El folletín.

BATES MOTEL -TEMPORADA 1- OCEAN VIEW


OCEAN VIEW (15 DE ABRIL DE 2013) -AVISO SPOILERS-

El episodio que marca el ecuador de la primera temporada de Bates Motel propone poco. Es normal, estamos ante el desarrollo de las tramas que se han planteado al principio. El capítulo cierra, aparentemente, el asunto del asesinato de Keith Summers (W. Earl Brown). Esto nos lleva a descubrir que el ayudante del sheriff, Zack Shelby (Mike Vogel) es capaz de manipular pruebas para salvar a Norma (Vera Farmiga) de prisión. Esto sería más coherente si Shelby fuera realmente el hombre perverso que retiene a una inmigrante china como esclava sexual en su sótano. El cliffhanger del episodio revela que esto podría ser cierto. Dicha revelación aclararía entonces que lo que vio Norman Bates (Freddie Highmore) en la casa de Shelby era real. Antes, nos han querido enseñar que Norman también tuvo un encuentro real -sexual- con Bradley (Nicola Peltz). Pero esto está por demostrarse. Por cierto, la interpretación de Highmore, expresando la euforia posterior a la pérdida de su virginidad, pero manteniendo matices inquietantes, me ha parecido estupenda. La otra revelación del capítulo es que Dylan (Max Thieriot) sueña con ser una buena persona -quiere llevarse a su hermano a un piso con vistas al mar, lejos de su madre- pero alberga también la capacidad de matar, de manera brutal, al sicario que disparó contra su compañero. Se revela en este episodio que una de las dinámicas de la serie puede ser la tensión entre los personajes "adultos" por influir en un Norman Bates menor de edad.

BATES MOTEL -TEMPORADA 1- TRUST ME


TRUST ME (8 DE ABRIL DE 2013) -AVISO SPOILERS-

En Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) hay una escena que vuelve a mi mente una y otra vez. No sé por qué. Y no es la de la ducha. Se trata de un -para mí, terrorífico- encuentro casual que se produce cuando Marion Crane (Vera Miles) intenta huir de la ciudad en su coche con dinero robado de su empresa. En un cruce de peatones, Marion se topa con su jefe: aunque éste no sabe que ella ha robado el dinero, Marion siente pánico. En Trust Me, hay un encuentro casual similar entre Zack Shelby (Mike Vogel) y Dylan (Max Thieriot). Ambos se conocieron -sin saber sus verdaderas identidades- cuando Norman Bates (Freddie Highmore) invadía la casa de Zack Shelby y estaba a punto de ser descubierto. Esto fue el cliffhanger del episodio anterior, que aquí se recrea, pero añadiendo -tramposamente- a Dylan, que intenta ayudar a su medio hermano distrayendo a Shelby, sin saber que se trata del nuevo amante de su madre, Norma (Vera Farmiga). Dylan descubre esto al día siguiente -en ese encuentro casual al que hacía referencia- cuando pilla a su madre saliendo de una habitación del motel, acompañada por el ayudante del sheriff. ¿Tenían en mente los guionistas de Bates Motel aquel encuentro casual de la Psicosis original al escribir esta escena? Probablemente no. Lo que sí están haciendo bien -en mi opinión- es utilizar nuestra desconfianza en la psique perturbada de Norman Bates para hacernos dudar de lo que hemos visto en capítulos anteriores ¿Cómo murió su padre? ¿Mantiene Shelby esclavas sexuales en su sótano? ¿Y acaba este episodio con la fantasía romántica de Norman cumplida? ¿Besa realmente a Bradley (Nicola Peltz)? La cuestión sobre si una historia ocurre objetivamente o si proviene de la percepción desequilibrada de su protagonista, es la base del terror psicológico clásico, véase Repulsión (Roman Polanski, 1965) o incluso -de nuevo- Psicosis (1960).

BATES MOTEL -TEMPORADA 1- WHAT´S WRONG WITH NORMAN


WHAT´S WRONG WITH NORMAN (1 DE ABRIL DE 2013) -AVISO SPOILERS-

El tercer episodio de Bates Motel es exactamente lo que esperaba de esta serie. Por fin. Norman Bates (Freddie Highmore) es un chaval con problemas chungos. Un desmayo es el detonante que desvela un desequilibrio más profundo, como que Norman tiene impulsos de los que no es consciente. Por ejemplo, el de quedarse con un cinturón del hombre que su madre asesinó tras haberla violado. Norman no sabe por qué decidió quedarse con ese "trofeo". Esta idea es sugerente, pero, habría funcionado mejor si nos hubiesen enseñado el momento en el que Norman coge el cinturón, lo esconde, lo atesora, etc. No sé si voluntariamente, el habernos mantenido a oscuras sobre el cinturón le da un cariz misterioso a una prueba incriminatoria. El desvanecimiento de Norman tiene más consecuencias. La primera es la reaparición de Bradley (Nicola Peltz) lo que proporciona el clásico triángulo amoroso de instituto. A Norman le gusta la guapa Bradley, pero la que le persigue es Emma (Olivia Cooke) que, no nos engañemos, también es guapa, aunque lleve una botella de oxígeno siempre a cuestas. La intuición nos dice que Emma sería la amiga del chico bueno y normal que podría ser Norman, adecuadamente medicado. En cambio, Bradley es la fantasía erótica que va a obsesionar a Norman y que le meterá en problemas con su novio. En todo caso, como he dicho, tras el desmayo -y tras el incidente con el cinturón- descubrimos que Norman no es plenamente consciente de sus actos. Esto comienza a arrojar una nueva luz que pone en duda lo que nos han contado hasta ahora. Por ejemplo, Norman no recuerda haber intentado matar a su hermano Dylan (Max Thieriot). Y quizás por eso, sabemos ya que el padre de Norman era un maltratador y que él acabó con su vida, cosa que su madre (Vera Farmiga) ha preferido ocultar. Veremos si mi teoría se confirma. Lo importante es que Norman tiene su primera "conversación" con su madre sin necesidad de estar con ella en la misma habitación. Y no me refiero al teléfono móvil. Esto lleva a Norman, en trance, a la casa del ayudante del sheriff, Zack Shelby (Mike Vogel), que se acaba de beneficiar a su madre (muy edípico todo). Descubrimos entonces que el bueno de Zack tiene secretos en su sótano: allí tortura a inmigrantes chinas esclavizadas. Me pregunto si Zack será la figura paterna perfecta para Norman.

BATES MOTEL -TEMPORADA 1- NICE TOWN YOU PICKED, NORMA


NICE TOWN YOU PICKED, NORMA (25 DE MARZO DE 2013) -AVISO SPOILERS-

El segundo episodio de Bates Motel me ha desorientado todavía más que el primero. Aparece un nuevo personaje, el hermano de Norman Bates (Freddie Highmore), Dylan Massett (Max Thieriot), que resulta ser un joven resentido por la falta de atención de su madre, Norma (Vera Farmiga). El personaje es el típico rebelde con problemas con la Ley, pero de buen corazón. Nada nuevo. Lo interesante es que establece una dinámica familiar con Norma y Norman que podría desarrollarse de una forma muy divertida. Dylan aparece en la cocina para desayunar, como haría cualquier chaval, pero llama "zorra" a su madre en su cara. En otro momento, Norma le dice a su hijo que le "odia". Ese extraño equilibrio entre una vida familiar "normal" y la locura podría dar mucho de sí. Pero lo cierto es que la aparición de Dylan, sumada a la de Emma (Olivia Cooke) como posible interés romántico de Norman, comienza a sobrepoblar la serie de personajes secundarios. Me huelo que el foco dramático se va a desviar de lo que debería ser importante: Norman Bates. Siendo este un personaje más bien pasivo, los guionistas utilizan a Emma para meterle en problemas: descubren una gigantesca plantación de marihuana en el pueblo. Ese es el otro elemento sorprendente de la serie. Norman Bates no vive en una apacible comunidad rural, sino en un pueblo en el que sus vecinos son narcotraficantes, violadores y mafiosos capaces de quemar vivo a alguien, o de esclavizar inmigrantes chinas. El ayudante del sheriff, Zack Shelby (Mike Vogel), parece conocer y aprobar este submundo criminal. ¿Es lógico que Norma, sospechosa de asesinato, se haga amiga de este policía?

BATES MOTEL -TEMPORADA 1- FIRST YOU DREAM, THEN YOU DIE


FIRST YOU DREAM, THEN YOU DIE (18 DE MARZO DE 2013) -AVISO SPOILERS-

Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) es sin duda una obra maestra. Quizás por ello resultan curiosas las derivaciones que han surgido de una película que, más que una historia y unos personajes, es un perfecto mecanismo de manipulación. Hitchcock mata a su protagonista, Janeth Leigh, a media película, dejando al espectador sin punto de vista y sin asidero moral. Asimismo, Norman Bates (Anthony Perkins), más que un personaje, es un mecanismo argumental que primero activa la sospecha sobre su verdadera naturaleza y luego sorprende con la revelación de su macabra relación con su madre (muerta). El personaje de Norman Bates no se construye en la película, sino en la mente del espectador tras el giro final más famoso de la historia del cine. Quizás, precisamente, de esa construcción mental posterior surgen tres secuelas cinematográficas y ahora esta serie de televisión.




Resulta curioso que el primer episodio de una serie que sirve de precuela -¡contemporánea!- a Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) se esfuerce con tanto empeño en contradecir nuestras expectativas. Al menos las mías. Norman Bates (Freddie Highmore) es un joven "diferente" y algo tímido, eso era de esperarse, pero no aparece en él la más mínima oscuridad. ¿Cómo se convierte luego en un psicópata asesino? Me sorprende la decisión de no apuntar que hay "algo" maligno dentro de Norman esperando salir. Al menos de primeras. En el mismo sentido, cuesta ver en la adorable Vera Farmiga -Norma Louise Bates- a esa madre castradora que acabará convirtiendo a su hijo en un monstruo. Durante el visionado, también estuve esperando que esas chicas jóvenes y guapas que abordan a Norman a su llegada al pueblo, fueran las clásicas niñatas que disfrutan humillando a los marginados. Pero no ocurrió nada de eso en el primer episodio de Bates Motel. La serie se esfuerza primero -y con efectividad- en establecer el vínculo -con algún apunte turbio y edípico- entre madre e hijo. Se unen, precisamente, por un primer asesinato -¡En defensa propia!- y nada más. Aunque el cliffhanger muestra a un sádico torturador de mujeres que podría ser el modelo a seguir por Norman. Todos estos elementos son positivos, pero en principio, el primer episodio de la serie no brilla lo suficiente como para invitar a continuar su visionado. Sea como sea, este verano voy a pasar las vacaciones en el motel Bates. Voy a persistir, al menos, durante la primera temporada.

MISIÓN: IMPOSIBLE - NACIÓN SECRETA (CHRISTOPHER MCQUARRIE, 2015)


El principal problema -para mí- del blockbuster reciente de Hollywood es el miedo a contar sus historias utilizando la imagen antes que la palabra. Es decir, demasiados diálogos explicativos, informativos, quizás por temor a que los espectadores se pierdan al seguir la historia. Y mira que son sencillas. Es por esto que la última entrega de Misión: Imposible me ha entusiasmado. 


El mejor ejemplo de la forma de operar del director -y guionista- de esta película, Christopher McQuarrie, es una escena en la que Ethan Hunt (Tom Cruise) ha sido capturado. Se encuentra en un calabozo en el que todo indica que va a ser torturado. McQuarrie plantea la situación utilizando la cámara: Hunt está encadenado a un poste, cuya parte superior se nos enseña; hay una mujer, suponemos que enemiga, pero cuya actitud es ambigua; y hay una llave con una pata de conejo sobre una mesa. Todos estos elementos jugarán un papel cuando se resuelva la escena. No ha hecho falta para ello ni una sola línea de diálogo.


Es verdad que la película, de vez en cuando, se detiene -mínimamente- para recapitular y que todo quede bien clarito. Pero son peajes que estoy dispuesto a pagar porque Misión: Imposible -Nación secreta, está llena de ideas de planificación, no solo en las espectaculares set pieces de acción -las persecuciones consiguen implicar de lleno al espectador- sino también en las peleas cuerpo a cuerpo y, más importante, en las relaciones de los personajes. McQuarrie hace algo que debería ser básico en el cine, pero que ya casi nadie hace: deja que los actores expresen cosas con sus gestos, con sus rostros. No tiene la necesidad -de nuevo- de evidenciar cada reacción de sus personajes con una frase.


La satisfacción ante el resultado de esta quinta entrega de la saga justifica mi confianza en McQuarrie, autor de los guiones de Sospechosos habituales (Bryan Singer, 1995); y más recientemente de la estupenda Al filo del mañana (Doug Liman, 2014) y sobre todo director de Jack Reacher (2012), película que me convirtió en seguidor de su filmografía. Su aportación a la saga de Misión: Imposible, es para mí la mejor de todas, teniendo en cuenta que se trata de una serie que mantiene una media de calidad muy alta en cada entrega; aunque suela pasar desapercibida ante sagas más populares -Fast and Furious 7 (James Wan, 2015)- o más míticas, como Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015) o Terminator: Génesis (Alan Taylor, 2015), por estar estas instaladas en el inconsciente colectivo gracias a un clásico ochentero.


La única pega posible es el nulo desarrollo de su personaje protagonista. Ethan Hunt no tiene ningún rasgo de humanidad, ni cuenta con los tics recurrentes de, por ejemplo, James Bond, para definirse. Ni siquiera tiene el sombrero de Indiana Jones. Ethan Hunt es simplemente Tom Cruise, o la idea que tenemos de él como estrella de cine y héroe de acción. Quizás por ello, el director de la CIA, Alan Hunley (Alec Baldwin), define a Hunt como la "manifestación del destino". Quizás por eso a Hunt le roba protagonismo el personaje de Ilsa Faust (Rebecca Ferguson). Me vais a llamar loco, pero creo que el que Tom Cruise permita esto, es una muestra de su humildad.

OPERACIÓN U.N.C.L.E. (GUY RITCHIE, 2015)


Siempre he pensado que Guy Ritchie crea sus ficciones en un universo cinematográfico similar al de Quentin Tarantino. Ambos utilizan géneros reconocibles -y comerciales- para contar historias marcadas por una visión muy personal que se refleja sobre todo en el sentido del humor que nunca falta en sus obras. Esa mirada de ambos directores crea cierta distancia con respecto a lo que vemos. Las obras de Ritchie nunca son realistas, siempre somos conscientes de que estamos viendo una película. Vamos, que Ritchie y Tarantino son postmodernos. 


Tras una primera filmografía de cine de gángsters que claramente seguía la estela de Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994), Ritchie se embarcó en las que deben ser sus dos películas más comerciales hasta ahora, Sherlock Holmes (2009) y Sherlock Holmes: Juego de sombras (2011), ambas al servicio de un Robert Downey Jr. al que ahora relacionamos más con Iron Man (Jon Favreau, 2008). Operación U.N.C.LE. se presenta ahora como un nuevo blockbuster, basado en una serie de televisión, que aprovecha la fiebre de películas de espías: Kingsman: Servicio Secreto (Matthew Vaughn, 2014), Mision: Imposible -Nación Secreta (Christopher McQuarrie, 2015) -incluso Fast and Furious 7 (James Wan, 2015)- y la esperada Spectre (Sam Mendes, 2015); y con la ambición de iniciar una saga.


Pero Operación U.N.C.L.E. es algo diferente. Primero por lo ya dicho: la marcada personalidad de Guy Ritchie. Segundo porque estamos tan acostumbrados a que el blockbuster sea una concatenación -más o menos acertada- de set pieces intentando ser espectaculares, que resulta ¿original? que esta película tengo algo menos de acción de lo habitual. A cambio, Guy Ritchie se permite dedicar una gran cantidad de metraje a la interacción entre los tres personajes principales: el americano Napoleon Solo (Henry Cavill), el ruso Illya (Arnie Hammer), y la alemana Gaby (Alicia Vikander). Con ellos, Ritchie y su guionista -Lionel Wigram- fabrican situaciones humorísticas que van de la buddy movie a la comedia screwball. La única pega es que, quizás, personajes como estos no necesitaban demasiado desarrollo.


Lo que hace Guy Ritchie en Operación U.N.C.L.E tiene mucho que ver -para mí- con lo que hizo Matthew Vaughn -productor de las primeras películas de Ritchie- en la estupenda X-Men: Primera Generación (2011), que colocaba a los superhéroes en una película de espías de los años sesenta. Es también una operación similar a la de Tarantino con, por ejemplo, Malditos Bastardos (2009): utilizar los tics de un (sub)género, de una época y aprovecharse de ellos para hacer una película que, sin embargo, conecta perfectamente con la sensibilidad contemporánea. Ritchie también sigue los pasos de Tarantino en lo musical y samplea todo tipo de música pop, muy presente durante toda la película. Además, su compositor Daniel Pemberton se esfuerza -y lo consigue- en confeccionar una partitura que recuerda mucho a Ennio Morricone, por lo que los referentes son los mismos: Tarantino ha conseguido que el propio Morricone componga la música de su inminente The Hateful Eigth (2015). Para mí, lo mejor de este pastiche, es el toque mediterráneo de las escenas en la isla fortaleza -basada en castillo de Baia, en Bacoli- que me recuerdan nada menos que a la Villa Malaparte de El desprecio (Jean-Luc Godard, 1963).


En Operación U.N.C.L.E destacan dos secuencias, dos set pieces. Una roza la parodia: Ilya huye en una lancha de sus enemigos, mientras Solo disfruta tranquilamente de un bocadillo y una botella de vino, esperando el momento oportuno para intervenir y salvarle. La otra es una trepidante persecución que utiliza de forma muy original las tomas aéreas para establecer el espacio por el que se persiguen los personajes. Hay, por último, un mecanismo narrativo -lo más "Ritchie" de la película- que hace patente ese distanciamiento sobre lo que se cuenta que comentaba antes. Utilizando el montaje, el director oculta deliberadamente un elemento en una escena para luego, mediante un flashback casi inmediato, desvelar lo que se nos ha escatimado con el objetivo de sorprendernos. El clímax perfecciona esta estrategia narrativa hasta el límite: apenas 45 segundos separan lo contado de su propio flashback. Para Ritchie cada película es un -sofisticado- juguete y nosotros debemos disfrutar con ellas como niños (grandes).

TRUE DETECTIVE -TEMPORADA 2- OMEGA STATION


OMEGA STATION (9 DE AGOSTO DE 2015) -AVISO SPOILERS- 

El último episodio de True Detective, segunda temporada, comienza con la palabra "árboles". Son los que vio la detective Anni Bezzerides (Rachel McAdams) cuando sufrió abusos siendo solo una niña. Quizás son los mismos árboles que al final de esta historia verá Ray Velcoro (Colin Farrell) cuando encuentre una muerte que ya le había anunciado su padre -en el tercer capítulo- en un sueño. "Los árboles son como gigantes" le decía Eddie Velcoro (Fred Ward) a su hijo cuando todos pensábamos que había muerto a manos del misterioso asesino con máscara de cuervo negro.


Esta última entrega comienza con Ray y Anni en la cama. Se confiesan sus secretos más profundos tras mantener relaciones sexuales. Lo hacen como para demostrarnos que hay algo más entre ellos. En un momento posterior de la historia, Ray estará cerca de decirle a Anni "te quiero". Pero si volvemos a esta primera escena, nos encontramos con una conversación que ocurre en un tiempo fragmentado, en voz baja y con el cigarrillo de Anni siempre humeando. Esto es cine negro. La escena contrasta en su tono trascendental con la siguiente, más bien plana, entre Frank Semyon (Vince Vaughn) y Jordan (Kelly Reilly). Se encuentran en una estación de tren -un escenario típico del género- preparando la huida. Pero Frank quiere, antes, ajustar cuentas. Como espectadores, sabemos que esa decisión significa su muerte.


Es curioso que estos sean prácticamente los únicos momentos intimistas en el episodio final de una serie que se definió en su primera entrega por sus largos -larguísimos- diálogos filosóficos que aprovechaban el momento de gracia en la carrera de un actor como Matthew McConaughey. Ahora Nic Pizzolatto ofrece algo diferente. Mantiene intacta su visión pesimista de la existencia y la noción de que el mal tiene raíces muy profundas. Y que solo los que han sido tocados por la tragedia pueden combatir ese mal. Pero Pizzolatto apuesta en la segunda temporada por una historia menos densa -aunque las tramas detectivescas siempre son algo difíciles de seguir- y mucha más acción física. Todo esto con un tono de pesadilla y con fugas oníricas que recuerdan a David Lynch. A pesar de todo, las conversaciones entre personajes siguen estando muy presentes. De hecho, el leitmotiv visual de esta temporada son dos personajes sentados a cada lado de una mesa.


En este episodio final, el más largo de todos, se resuelve -de forma algo abrupta- la trama policial, esa investigación que comenzó con la muerte de Ben Caspere y que llevó a unos diamantes azules robados y a dos hermanos huérfanos: uno de ellos acaba convertido en un vengador. Esto revela que los protagonistas, tres policías, habían sido inicialmente instrumentos de la corrupción, ya que lo que pretendía el asesino, Richard Brune (Christian Campbell), era ajusticiar a los "malvados". Tras este desenlace anticlimático de la trama detectivesca, presenciamos un asalto, tiroteos, persecuciones y la muerte -épica- de dos protagonistas. En escenas paralelas, vemos la muerte -anunciada- de Ray en la sierra; la muerte absurda, innecesaria y alucinada, de Frank en el desierto; el homenaje póstumo a Paul (Taylor Kitsch); la fuga a Venezuela -un país en descomposición- de Anni y Jordan. Todo está narrado, me atrevo a sugerir, con la pretensión de emular a los clásicos del género. Las muertes y la derrota de "los buenos" colocan el relato en las coordenadas de la tragedia, pero allí están esos bebés -de Paul y de Ray- que representan no sé si la esperanza, pero seguramente el futuro. Me quedo con la sensación de que Pizzolatto plantea que la lucha del bien contra el mal continuará en otro tiempo, en otro lugar.

CAPÍTULO ANTERIOR: BLACK MAPS AND HOTEL ROOMS

TRUE DETECTIVE -TEMPORADA 2- BLACK MAPS AND MOTEL ROOMS


BLACK MAPS AND MOTEL ROOMS (2 DE AGOSTO DE 2015) -AVISO SPOILERS-

Si la fiesta-orgía del episodio anterior fue un descenso a los infiernos para la detective Ani Bezzerides (Rachel McAdams) -con rescate de Eurídice incluido-, ahora todos los personajes se encuentran acorralados. Se han asomado al abismo, y el problema es que el abismo ahora les mira a ellos: temen las represalias de todos los hombres poderosos que se encontraban en esa fiesta.


El miedo les lleva a proteger a sus familias. Ani le pide a su hermana, Athena (Leven Rambin) que salga de la ciudad por un tiempo. Paul (Taylor Kitsch) lleva a su mujer embarazada y a su suegra a un motel. Es interesante apuntar que ninguno de estos familiares entiende el peligro al que se enfrentan. Los protagonistas han descubierto una verdad que el resto desconoce. El contraste lo marca precisamente la chica rescatada de esa fiesta. Ella no se siente una víctima -tampoco lo parecían las otras mujeres que asistían a la orgía- ni quiere ser rescatada. Vera Machiado (Miranda Rae Mayo) -al igual que la Laura Palmer de Twin Peaks (1990)- no es una joven desvalida, sino una mujer que voluntariamente se ha sumergido en el "lado oscuro". Vera, forma parte del "mal". Estamos en un universo en el que nadie es inocente: las víctimas no quieren ser rescatadas, las familias no quieren ser protegidas, los "buenos" tienen una moral más que ambigua.


Ray Velcoro (Colin Farrell) no tiene familia que proteger, pero acude a Frank Semyon (Vince Vaughn) para advertirle de lo que han descubierto. Esto lleva a una escena de tortura, en la que Frank se despacha con el traidor, Blake Churchman (Christopher James Baker). Frank había creído siempre que pertenecía a ese "lado oscuro", pero ahora ha descubierto que, a pesar de ser un criminal, no formaba parte del verdadero mal. Los policías, por otro lado, también se ven acorralados. Ani y Ray son fugitivos de la Ley tras el asesinato de la policía que había reiniciado la investigación, Katherine Davis (Michael Hyatt). Paul, además, recibe fotografías que amenazan con desvelar su homosexualidad. Todos los personajes están acorralados y ante esa situación se puede entender que Frank queme su local para luego huir. En el mismo sentido nihilista, Ani y Ray mantienen relaciones sexuales. Son actos desesperados. La muerte acecha, como comprobamos enseguida cuando Paul es asesinado tras descubrir unos túneles subterráneos bajo la ciudad "que nadie conoce". Mientras Paul muere, su mujer embarazada mira en la televisión de un motel el final de Esplendor en la hierba (Elia Kazan, 1961). Uno de los más tristes de la historia del cine.

CAPÍTULO ANTERIOR: CHURCH IN RUINS

CÓMO ENTRENAR A TU DRAGÓN 2 (DEAN DEBLOIS, 2014)


No deja de sorprenderme la fidelidad de los guionistas de Hollywood al arquetipo del viaje del héroe de Joseph Campbell (1904-1987), un mitógrafo que estudió leyendas de diferentes culturas y llegó a la conclusión de que hay elementos comunes en todas. Sus estudios fueron utilizados por George Lucas como inspiración para Star Wars (1977) y claro, el éxito de aquella película acercó a otros autores cinematográficos a los hallazgos de Campbell. Os sorprendería la gran diversidad de películas que pueden ser asimiladas a este esquema. En esta secuela de Cómo entrenar a tu dragón (Dean DeBlois, Chris Sanders, 2010), el protagonista, Hiccup (Jay Baruchel), es el héroe reticente que rechaza la responsabilidad de asumir el liderazgo de su pueblo. No demasiado diferente del arquetipo que encarna Max Rocatansky (Mel Gibson/Tom Hardy) en cuatro películas -de Mad Max (George Miller, 1979) a Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015)-.


-AVISO SPOILERS-

El viaje del héroe establecido por Joseph Campbell encuentra un poder simbólico en los mitos, cuyo propósito es ayudar a los miembros de la comunidad a madurar a través de las distintas fases de la vida. En esta película, Hiccup debe convertirse en un hombre responsable y las etapas del viaje señaladas por Campbell se cumplen casi a rajatabla. Empezando por el "Mundo ordinario", una escena inicial que establece la cotidianidad del protagonista en la mayoría de la historias: recordemos a Frodo en la Comarca y a Luke Skywalker en Tatooine. En este caso, una carrera sirve para contarnos que -tras lo ocurrido en la primera película- en el pueblo vikingo viven en armonía con los dragones. 


La segunda etapa del viaje del héroe es "La llamada de la aventura": Hiccup se entera de que su padre quiere hablar con él. La tercera fase se titula "Rechazo de la llamada de la aventura", nuestro joven protagonista no se siente preparado para ser el líder de los vikingos, como desea su padre, Stoick (Gerald Butler). Comienzan entonces dos viajes. Uno exterior, literal, en el que el protagonista se embarca en la aventura de expandir su mundo, el de la primera película. Y otro viaje, interior, hacia la maduración del héroe como persona. En este momento resulta clave la siguiente etapa: "Encuentro con el mentor": recordemos a Merlín, Gandalf, Obi-wan Kenobi o Morfeo. Aquí es la madre -hasta ahora ausente- del héroe, Valka (Cate Blanchett), la que reaparece para abrirle las puertas de un mundo nuevo, el de los dragones y para ayudarle a progresar en su relación con Toothless. Igual que Yoda (Frank Oz) completaba el entrenamiento de Luke (Mark Hamill) en El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980).


El descubrimiento de que hay un mundo más amplio, en el que existen un gran número de dragones, con nuevas reglas que aprender, responde a la lógica de toda secuela, pero también a las etapas del viaje del héroe. El "Cruce del primer umbral" al que se refiere Campbell se produce cuando Hiccup y Astrid (America Ferrera) se topan con Eret (Kit Harington), que en un solo diálogo les da las claves de cómo funciona el mundo exterior al poblado vikingo. Eret sirve como el guardián de ese primer umbral al que tendrá que enfrentarse el héroe para seguir su camino. Recordemos cómo Luke Skywalker se topaba en la cantina de Mos Eisley con un contrabandista que acabaría siendo su aliado: Han Solo (Harrison Ford). Lo mismo le ocurre a Frodo (Elijah Wood) con Trancos (Viggo Mortensen) en la posada del "Pony Pisador". Precisamente, enfrentarse a Eret y luego aliarse con él, pertenece a la etapa que Campbell titula "Pruebas, aliados y enemigos". El trampero de dragones informa a Hiccup de la existencia del malvado Drago (Djimon Hounsou), quien, lógicamente, es Darth Vader, Saruman, o el agente Smith de Matrix (Los Hermanos Wachowski, 1999). Tras estos primeros escarceos con un nuevo mundo, el héroe consigue una pequeña victoria: un "Acercamiento", según Campbell, que le coloca en el camino de conseguir su objetivo. En esta película, Hiccup finge entregarse a Eret para acercarse a Drago. Igual que Han Solo y Luke se disfrazan de soldados imperiales para llevar a un "capturado" Chewbacca (Peter Mayhew) al interior de la Estrella de la Muerte.


Hacia el final de la historia, el héroe debe vivir una "Ordalía", una prueba difícil o traumática. Aquí es importante la idea de la muerte, cuya energía obliga a madurar al personaje. Luke presencia la muerte de Obi-Wan (Alec Guiness), Frodo cree ver morir a Gandalf (Ian McKellen) y en el caso de Neo (Keanu Reeves) él mismo experimenta la muerte para luego resucitar. En Cómo entrenar a tu dragón 2, Hiccup ve a su padre sacrificarse para salvarle la vida. Este golpe traumático "despierta" al héroe y le hace decidirse -por fin- a convertirse en el líder que el pueblo vikingo necesita. Este cambio en el personaje es lo que Campbell denomina "La recompensa". Comienza enseguida la siguiente etapa, el "Camino de vuelta", que en esta película es literal: Hiccup regresa a su pueblo para rescatarles de Drago. Tras escapar de la Estrella de la Muerte, Luke Skywalker se une a la rebelión para atacar la base imperial. Pero la muerte de Kenobi le ha cambiado: ahora puede utilizar la Fuerza para hallar el punto débil de la fortaleza enemiga. Obi-Wan "resucita" como una voz que guía a Luke. Para los vikingos, la reaparición de Hiccup, cuando todo parecía perdido, es sin duda la llamada "Resurrección del héroe". El protagonista reaparece decidido a ser el defensor de su gente. Según Campbell, sigue a continuación el "Regreso con el elixir": algo ha cambiado en Hiccup que le permite sacar a Toothless del trance en el que se hallaba sumido por el dominio del dragón alfa. Gracias a la unión de todos los dragones, consigue derrotar a Drago. Se restaura así el equilibrio, todo vuelve a la normalidad, como demuestra una nueva carrera de dragones en el pueblo vikingo.


Como veis, Dean DeBlois utiliza el viaje del héroe para asegurarse de que su historia cuenta con elementos míticos y simbólicos que, por alguna razón, resuenan en todas las culturas. Obviamente, hay muchas películas que han utilizado los mismos elementos y no han tenido un resultado artístico satisfactorio. Pero es verdad que Cómo entrenar a tu dragón 2 sigue estas pautas y ha alcanzado un éxito tremendo a nivel mundial. Pero hay algo más. El nivel técnico que alcanza la animación de esta película -la luz, las texturas, los movimientos de cámara- coloca sus secuencias de acción -las espectaculares batallas aéreas entre los dragones voladores- por encima de set pieces similares en películas de acción real. Aunque estas últimas utilizan efectos especiales digitales muy parecidos, se ven limitadas por la presencia de actores reales que comprometen la verosimilitud de sus imágenes. La obligación de insertar las caras de las estrellas de Hollywood en cuerpos animados impide que la imaginación de un director, como Dean DeBlois, vuele libremente. Creo que el futuro del blockbuster de acción -en su vertiente de fantasía y ciencia ficción- está en la animación para "adultos": Cómo entrenar a tu dragón 2 no es necesariamente mucho más "infantil" que Vengadores: La era de Ultrón (Joss Whedon, 2015). Después de todo, ese es el sueño que George Lucas quiso alcanzar con sus -fallidas- precuelas de Star Wars.