CARS 3: LA CRISIS DE LA MADUREZ



Como suele ocurrir en las terceras partes, la historia de Cars 3 es una vuelta a los orígenes, casi un remake de la entrega original. Rayo McQueen (Owen Wilson), algo endiosado de nuevo, recibe una cura de humildad a manos de una nueva generación de coches de carrera con tecnología punta, comandada por el chulito Jackson Storm (Armie Hammer), por lo que nuestro héroe de cuatro ruedas debe someterse, una vez más, a un riguroso entrenamiento para volver a competir al primer nivel. En dicho proceso ocurrirá la predecible búsqueda de su identidad, perdida en los laureles del éxito. Cars 3 es terriblemente esquemática, aunque sorprendentemente crepuscular: Rayo se encuentra en una encrucijada en la que debe decidir si se adapta a los nuevos tiempos o se retira. Ante semejante tesitura, echa la vista atrás y recuerda constantemente a su mentor, Doc Hudson, al que prestó su voz nada menos que el mítico Paul Newman. Este subtexto sobre el relevo generacional equipara a Cars 3 con otra tercera parte Pixar, Toy Story 3 (2010) que también versaba sobre el fin de la utilidad de los juguetes protagonistas cuando el niño que es su dueño ha crecido demasiado. La gran sorpresa de esta cinta, espectacular pero poco innovadora, es la irrupción de Cruz Ramirez (Cristela Alonzo) un coche que personifica -de nuevo- el conocido discurso sobre que los sueños son posibles, pero también es una bienvenida presencia femenina en una saga con tendencia a lo masculino por su temática automotriz. No estamos ante una mala película de animación, ni mucho menos, pero sí ante un film lejos de la brillantez capaz de satisfacer a todos los públicos de Del revés (2015) o Ratatouille (2007). Pixar, en esta, se fija en los más pequeños, a pesar de que a estos se les escapará el comentario sobre la voracidad de una sociedad obsesionada con el éxito, la novedad y la juventud, que trata a sus veteranos como productos caducados fácilmente reemplazables. Esto lo entenderemos mejor los padres. Por último, decir que, inesperadamente, Pixar decide darle un cierre a una franquicia más que rentable.

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